Ivy apretó los labios con fuerza, sintiendo un torrente de ira y humillación arder en su interior. Mientras Damon y Freya se alejaban del centro del evento, su mirada se clavó en la mujer que había causado todo aquel caos. Al verla caminar, notó la leve cojera, ese pequeño detalle que, al principio, había pasado desapercibido en su mente. De pronto, los recuerdos la golpearon como una avalancha. Aquel día en la mansión, había encontrado a Damon en una escena extraña con esa misma mujer. En ese momento, la había ignorado, viéndola como una insignificante sirvienta, alguien sin importancia, y desde luego, incapaz de representar una amenaza para ella. Pero ahora, al ver cómo Damon la había proclamado como su esposa ante todos, comprendió que la había subestimado gravemente. Ivy sintió un

