Freya dejó que el agua caliente cayera sobre su cuerpo, tratando de aclarar su mente y calmar la creciente incertidumbre. Al cerrar los ojos, pensó en lo que significaría si realmente estuviera embarazada. La situación se tornaba cada vez más surrealista; su matrimonio con Damon era solo un acuerdo, una farsa con un objetivo oculto que ninguno de los dos había querido exponer. Sin embargo, este nuevo giro podía cambiarlo todo. Terminó la ducha y, al salir, se secó rápidamente, intentando no perderse en pensamientos antes de tiempo. Aún quedaba la posibilidad de que todo fuera una falsa alarma. Se vistió y se preparó para bajar al comedor donde ella y Damon cenarían como cada noche. Cuando entró al comedor, Damon ya estaba esperándola, hojeando unos documentos con el ceño fruncido, como

