Freya levantó la cabeza, aún algo aturdida, y se percató de la presencia de Ivy, quien la miraba con una mezcla de juicio y disgusto. No sabía cómo explicar la situación, ni siquiera a sí misma, pero antes de que pudiera decir algo, Estefan se enderezó, manteniendo la calma. —Freya tuvo un mareo y simplemente la estaba ayudando —explicó Estefan con un tono serio pero respetuoso. Luego dirigió una mirada firme a Ivy, casi desafiándola a cuestionarlo. Ivy, sin embargo, no retrocedió. —¿Estás bien, Freya? —preguntó en un tono que intentaba sonar amigable, pero que dejaba entrever cierta duda y desprecio. Freya asintió, recuperando poco a poco la compostura. —Sí… solo fue un mareo. Gracias, Estefan, por ayudarme. Ivy entrecerró los ojos, aparentemente no satisfecha con la respuesta. —Bueno

