Vittoria Mi reflejo en el espejo de cuerpo completo no me pertenece. Es el espectro elegante y etéreo de una novia, una aparición sacada de un sueño ajeno. Mis dedos, temblorosos, se alzan para rozar el vidrio frío, como si al tocarlo pudiera confirmar que la figura que devuelve soy realmente yo. El cabello, habitualmente rebelde y lleno de carácter, ha sido domado hasta quedar en una onda sedosa que cae como una cascada oscura sobre mis hombros. Pequeños rizos deliberadamente sueltos enmarcan el rostro con una perfección que parece artificial. El maquillaje es tan tenue, tan sutil, que parece más un brillo natural de la piel que un artificio; logran que parezca que no lo llevo, y sin embargo, mis ojos parecen más grandes, mis pómulos más definidos, mis labios… Mis labios son la única con

