Otro capítulo manchado de traición y sangre en el libro de mi vida. La conciencia regresó a mí lentamente, como un veneno filtrándose en las venas. Lo último que recordaba era el humo, la densa y sofocante oscuridad que me robó el sentido. Ahora, la realidad era una losa de hielo sobre mi piel. Estaba en las entrañas de la mansión Volkov, pero no como invitada, sino como el trofeo de un cazador. James. Su nombre resonaba en mi mente como un maldito estribillo. Él había sido el arquitecto de esta ruina, el titiritero que manipuló los hilos de nuestros destinos hasta enredarlos en este nudo corredizo. Había destruido vidas, familias, y ahora anhelaba completar su obra maestra de miseria: quebrarme a mí. Quería arrebatarme no solo la vida, sino todo el poder que con tanto dolor y sangre habí

