—No te atreverías a lastimarme. —Por supuesto que no te lastimaría. Pero si a quien se quiera dar de listo y atravesarse en mi camino como un estorbo —manifesté con tono desafiante, él supo a quién me refería—. Está advertida. Más vale que cambie su actitud. —añadí, luego me di vuelta pero él me detuvo. Lo miré fijo y me zafé de su agarre. Caminé hacia el auto y noté que me seguía. — A ver, ¿Qué quieres? ¿Si sabes que tu esposa te debe estar viendo, no? —Como si eso te preocupara tanto —La verdad me importa un rábano lo que piense tu esposa de mí —respondí y desvié la mirada pero él la mantuvo fija sobre mí—. ¿Acaso quieres un autógrafo, una foto? ¿Por qué me miras tanto? ¿Se te perdió algo acaso? —No pude seguir hablando porque enseguida se abalanzó sobre mí. Mis labios fueron atrap

