Luisanna B. En el camino de regreso a la ciudad todo fue perfecto. Pedimos una pizza y fuimos a mi casa. No podía resistirme a sus encantos. Todo él es tan maravilloso y único. Pero a mi mente llegó una grandiosa idea. Hasta podría jurar que él lo notó porque me miró fijamente por un largo rato. —¿En qué piensas traviesa? —¿Yo? En nada —respondo tratando de sonar segura, pero la verdad, no me sale nada bien. —Sí, claro. Y yo soy Justin Timberlake — dice serio. —Eres mil veces mejor que Justin Timberlake, mi amor —Le respondo y beso su cachete—. Y de verdad, no pienso en nada. —Me mira de la misma forma en que lo hace cuando sabe que le oculto algo—. Está bien, pensaba en un plan pero prefiero quedarme tranquila. —¿En un plan? Luisanna, mi cielo, no vayas a pelear con nadie. —N

