No puedo escuchar nada más. Veo a todas las personas sonreír y soy el único que no lo hace, solo veo a Kimberly que no sabe qué hacer. Obvio dirá que no, tiene que hacerlo. —Acepto. El estruendo que hace la copa al deslizarse por mi mano para luego caer al piso es callada por todos los aplausos y chillidos de toda esta puta gente. No deja de verla a los ojos mientras aprieto mis puños. Ella tiene los suyos empapados de lágrimas que luego de un suspiro hace desaparecer, luego me da una mirada seria y recibe el anillo con gusto. Todo a mí alrededor se desmorona, veo a Esteban, mi hombre de confianza hablarme pero no logro procesar qué dice. Una estúpida lágrima se escapa al verlos abrazados y dichosos. Rápidamente la limpio pues no dejaré que esa puta me vea llorar. Eso es lo que es, só

