Matrimonio

1878 Palabras
Theo se liberó del incómodo agarre de su prometido, pidió permiso y se retiró con intención de deshacerse de malhumor que la broma de besarlo frente a todos le jugó Kobe. No podía negarse que ese beso logró descolocarlo, por eso optó por pensar en la oportunidad que su padre le dio de al fin salir del "closet" y poder vivir su vida sin mentiras, sin seguir ocultando su orientación por mantener una imagen social, así que cuando vio a Mireya aproximarse furiosa por la situación, pudo hablar sin tapujos. Era lógico que quienes le escucharon se sorprendieran cuando Theo le aclaró a Iglesias que lo ocurrido no se comparaba con los años que lo mantuvo engañado con un amor inexistente y una larga lista de infidelidades, pero lo peor era haberse acostado con Zion sin importarle terminar con un negocio que le dejaba, incluso antes de empezar, una pérdida monetaria. —No vamos a pagar esa multa Theo —dijo la mujer apretando la copa en su mano. —Señorita Iglesias ¿creyó que Zion iba a cubrir sus errores por abrirle las piernas? —habló con suficiencia Theo logrando al fin burlarse de la mujer que tantas veces le puso los cuernos—, Zion utiliza el mismo método que usted para conseguir una negociación difícil, así que le recomiendo pensar muy bien su siguiente paso con respecto a Mayakeg, también como responderá a los del gremio al enterarse del manejo que da a sus ingresos.  El desconcierto de Mireya era palpable, siempre creyó que Yáñez era un estúpido, que por su maldita forma de tratarla no se percataba de sus infidelidades y del fraude que hacía con el dinero de los empresarios a su cargo. —No me acosté contigo porque respeto mi cuerpo, Zion es libre de hacer lo que quiera —completó Theo intentando fingir de manera convincente que su relación con Kobe era de tiempo atrás—, pero de ahora en adelante para poseerme debe asegurarse que no tiene ninguna enfermedad por cometer la imprudencia de copular con una prostituta como tú. El golpe fue detenido por el mismo Kobe que arrastró a la mujer hacia el jardín donde varios fueron capaces de ver y oír las amenazas que profirió Mireya Iglesias por la pérdida de capital, Yáñez sonrió satisfecho, al fin se liberaba de ese suplicio y gozaría con los titulares de prensa del día siguiente, ya que los periodistas no desaprovecharon a tomar cualquier cantidad de fotografías. Al final de la celebración, se despidió para marcharse con rapidez, no tenía intención de hablar con su prometido y menos de enfrentar a Celmira y Samantha, esa noche necesitaba liberar tensión y sabía perfectamente quien le daría la oportunidad. La puerta del apartamento frente al que estaba, se abrió para de inmediato ser rodeado por los fuertes brazos de Alexander García. Theo medía 1.8 m y su contextura era delgada, con músculos bien definidos y una cintura y piernas que algunas de sus parejas sexuales aseguraron serían la envidia de varias mujeres, por eso el hombre que ahora le besaba era el complemento perfecto para sentirse abrigado y protegido. Alex le superaba en unos 10 cm, era robusto por el deporte que practicaba y desde que se conocieron fueron compatibles en la cama, el jurista era respetado en su campo, abiertamente homosexual, y poco le importaba lo que dijeran de él y las diferentes personas que le acompañaban, pero desde que empezó "eso" que mantenía con Theo, pregonó que al fin habían atrapado su corazón, y no era mentira, el ojiazul lo tenía en la palma de la mano, abandonó cualquier intento de buscar una pareja estable y ciertos gustos en su forma de expresar el amor, si Yáñez deseaba que fueran clandestinos, él lo respetaría. —Te extrañaba “princesa” —susurró al oído del pelinegro que le quitaba la camisa con dificultad. —Yo te necesito, así que apresúrate “mi caballero”. Un juego de palabras que los encendía y que les permitía entregarse por completo al placer —¡Dios, tu boca es la gloria! Fue lo último que Theo pudo pronunciar con cordura antes de perderse en la lujuria que su acompañante le proporcionaba. Esa noche por fin pudo ser él, disfrutar su sexualidad con libertad y sin preocuparse por lo que dirían los demás, por eso tampoco se negó a la posibilidad de dormir al lado del hombre que prácticamente era su amante oficial. Desafortunadamente con el amanecer llegó la realidad. —Es demasiado temprano, vuelve a la cama princesa —bostezó Alex despertándose por los ruidos que Theo hacía mientras se vestía. —Debo ir a cambiarme, a las 9 de la mañana nos reuniremos con los abogados para ultimar detalles de la boda —García arrugó el ceño, por alguna razón estaba convencido que esa unión no traería nada bueno a Theo—. Lo que sí puedo hacer es invitarte a la notaria, son seis personas a las que les permiten el ingreso. —Con esto Thiago respalda tu orientación —vio al pelinegro asentir para subir a la cama donde yacía y besarlo—, fija un tiempo de convivencia, tan pronto se cumpla, prométeme que serás mío, y por lo de la notaria no te preocupes, trabajo ahí. Yáñez sonrió para dejarse consentir de nuevo, con dificultad pudo pararse y salir del lugar, hubiese querido responderle que sí, pero como desconocía el dichoso testamento, adelantarse a lo que estuviese ahí escrito era una tontería. Por lo menos no tendría que ver al estúpido de Zion sino hasta el día siguiente, así que aprovecharía al máximo lo que le quedaba de libertad, y a establecer sus condiciones sin que el otro pudiese modificarlas. Theo salió en el coche sin notar que Kobe se encontraba estacionado a unos pocos metros de la entrada del edificio. El castaño tiró la colilla de su cigarrillo por la ventana, para llamar a su actual cuñada. —Asumo que confirmaste mi historia. —Si el juego de tu hermano es hacerme ver como un cachón, ten por seguro que se quedará con las ganas. —¿Aceptas mi propuesta? —Samantha preguntó a sabiendas de que la respuesta iba a ser positiva, si su hermano sería quien llevaría el apellido Kobe, ella aún podía brindarle a Zion la posibilidad de ser padre. —Espera la visita de mi abogado, y quiero que entiendas —le advirtió a la joven—, esto lo hago por negocios, Sam no te amo y nunca lo haré. La señorita Yáñez colgó en lo que miraba la pantalla de su móvil, Kobe debía recordar los refranes de la filosofía popular, uno jamás puede decir nunca. Al día siguiente en la notaria ambas partes llegaron puntuales a casarse por Escritura Pública y que oficialmente los denominaba “marido y marido”, Ignacio arreglaba el corbatín de su hermano mayor en lo que Manolo procuraba calmar la furia de Theo, los ojos azules seguían los movimientos que Samantha que ingresó del brazo de Zion alardeando de su posición como la mejor amiga y confidente del novio delante de los periodistas que deberían quedarse en la puerta. No obstante, al escuchar la voz que les solicitó aproximarse a firmar los papeles y el cambio en la expresión de satisfacción de los rostros de la parejita, fue suficiente para que la hermosa sonrisa que lo caracterizaba apareciera. —Señor Kobe, me presentó soy Alexander García amigo de la familia, y asesor jurídico de Theo, y como puede ver soy quien oficiará su unión. Zion extendió la mano con desconfianza por la frase, se suponía que ese hombre era el amante de Yáñez desde la preparatoria. —Por eso supuse que su presencia en mi casa la mañana de ayer era para preguntarme sobre el acuerdo matrimonial —completó el monologo el juez retando al castaño por la impertinencia cometida—. ¿Algo que quiera decir? Kobe negó con la cabeza, era lógico que el tipo al tener ese cargo estaría más que vigilado, así que solicitó que la ceremonia iniciara lo antes posible. El documento era la repetición de lo dicho en la fiesta, lo único diferente fueron las clausulas que los contrayentes colocaron como parte de las capitulaciones. «Theo Yáñez nombra a Manolo Tabares como su representante legal ante la empresa Yáñez Asociados, confiando en que sus decisiones serán acertadas y tiene total libertad para actuar en su nombre, incluso si su esposo el señor Kobe no está de acuerdo. De igual manera, el señor Theo Yáñez a partir de la fecha, establece como lugar de residencia la hacienda “Centauros”, la cual le pertenece por herencia, se adjunta los documentos que demuestran lo anterior». Samantha observó a Tabares que vio esfumarse la posibilidad de deshacerse de la hacienda que tanto odiaba porque para su padre era el santuario de Theo, además, eso implicaba que ella era dueña solo de un tercio de la compañía, nada a pesar de ser la primogénita. «Por su parte el señor Zion Kobe nombra como su representante legal en Yáñez Asociados a su hermano Ignacio Kobe, quien tomará decisiones una vez hayan sido revisadas por él debido al estado económico de la comercializadora. Así mismo, acepta que su cónyuge viva en los Centauros, pero que a partir de la fecha cualquier comprobación de que el señor Theo Yáñez le es infiel con hombre y/o mujer, además de quedar anulado el contrato matrimonial, tendrá que entregar en compensación la hacienda y las acciones en Yáñez Asociados, quedando imposibilitado para volver a trabajar o negociar en nombre de esta». Theo identificó de inmediato la mano de su hermana en esa condición, al igual que en la visita que Zion efectuó a la casa de Alex, estaba visto que su principal objetivo era destruirlo y quitarle por completo la herencia que le correspondía. —A estas dos clausulas, los abogados de las dos familias han adjuntado otra —dijo Alexander tan fastidiado como Yáñez por lo que acababa de leer—. De acuerdo con el testamento de Dalila Kobe, y considerando que la petición fue hecha sin saber el sexo del segundo descendiente de la familia Yáñez, el presente contrato de convivencia tendrá cinco años de vigencia, cumplido el plazo la pareja queda en libertad de decidir sobre los bienes adquiridos durante el matrimonio. Como en la noche del compromiso el primero en firmar fue Theo, cinco años y su condena terminaría sin perder nada, lo que consiguieran económicamente durante ese tiempo podría quedárselo Kobe si lo quería, él con tal de comenzar una nueva vida con un negocio propio, era más que suficiente. Tan pronto la escritura fue sellada por el juez, Kobe se aproximó a su esposo besándolo con suavidad en la mejilla. Cogió la mano del ojiazul y con alegría manifestó su primer regalo matrimonial. —Nuestra luna de miel comienza ahora, así que, si no hay nada más que hacer, nos despedimos —miró a Theo y apretando con fuerza disimulada preguntó—, ¿estás de acuerdo amor? —Totalmente cariño —fue la hipócrita respuesta que recibió. Ignacio y Manolo suspiraron, serían cinco largos años.
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