Tan pronto salieron de la notaria la pareja de recién casados fue trasladada al aeropuerto para pasar la semana de luna de miel en Centauros.
Por su parte Samantha decidió llamar a la persona que podría acelerar sus planes con Kobe, si ella era capaz de hundir a Zion al punto de tener que vender su parte en Yáñez Asociados, sería su más fiel amiga.
La cita de las dos mujeres fue en un salón de té que por la hora estaba prácticamente desocupado, el saludo reglamentario y la presencia inoportuna de uno de los abogados de Iglesias, hizo que la pelinegra hablara cosas sin sentido y banales por varios minutos hasta que Mireya la encaró, Samantha sacó una carpeta y le instó a revisar los papeles junto con el abogado que la acompañaba.
Las antiguas rivales, como le expuso a su excuñada, debían unir fuerzas para derrotar a quien era su enemigo común, Theo Yánez
—¿Por qué haces esto? —preguntó Mireya buscando la trampa en la oferta.
—Theo te ridiculizó delante de la prensa, colocó en tela de juicio tu labor como empresaria —expresó la pelinegra con tranquilidad—, además, esto te permitiría alejar a Zion de él.
Yáñez pasó el segundo documento, una copia del acuerdo que firmaron para casarse. La lectura sacó una sonrisa a Mireya que consintió a la propuesta de Samantha con desconfianza. El plan consistía en pagar la multa, esperar unas semanas en las que se iniciaría un proceso por fraude en contra de Zion Kobe, utilizando la figura del engaño por ser dueño de las dos empresas, es decir, se le acusaría que era consciente de que ganaría bien fuese si firmaba con cualquiera de las compañías, mientras con la otra tendría que pagar la multa por el incumplimiento.
El abogado corroboró la causal, debían ser cautelosos para que Yáñez y Kobe no pudiesen prepararse y que el dinero se escapara definitivamente de sus manos, Mireya fijó su atención en la mujer frente a ella preguntándose porque quería destruir a Theo.
—Samantha yo disfruté de acostarme con Kobe, pero no me interesa como hombre —la rubia acomodó su barbilla sobre las manos y con una sonrisa le volvió a cuestionar—, pero tu deseas el lugar que tiene tu hermano ¿o me equivoco?
La pelinegra recogió sus cosas para limitar una nueva fecha de reunión tan pronto pudiesen interponer la demanda por estafa, en ese momento volverían a hablar. Ese día actuaría igual que siempre, nadie podía sospechar que trabajaban juntas.
—¿Qué vas a hacer ahora? —cuestionó Iglesias procurando entender que se traía esa mujer entre manos, lo que más odiaba era quedar en el papel de “bobo útil”, y con Samantha sentía que la pérdida iba a ser mayor que la ganancia.
—Esperar que Zion regrese de su luna de miel para demostrarle lo que realmente es disfrutar una amante.
Mireya junto con el jurista la vieron salir del salón de té.
—En este instante nos moveremos según los intereses de la señorita Yáñez —enunció el hombre acomodándose las gafas—, sin embargo, le recomiendo que piense muy bien si quiere tomar partido en esa pelea familiar, y a quien apoyará.
—No hay que pensarlo —respondió Iglesias para pagar la cuenta y marcharse con el asesor en lo que marcaba a la persona que sería su elección—. Mis cartas jugarán ocultas, si desean mi apoyo tendrán que pagar por ver y le aseguró que ese será Theo, Samantha cometió su peor error al solicitarme ayuda con lo de su padre.
El celular recibió el mensaje de felicitación de su exprometida, con una pequeña nota pidiéndole disculpas por lo acontecido, así mismo, le recordaba que más allá de la amistad que los unió algún día, los negocios eran otra cosa.
Kobe detalló la expresión del ojiazul, después del compromiso la postura de Theo era diferente, menos tensa, incluso podría asegurar que parecía haberse quitado un peso de encima con el matrimonio igualitario.
Tal vez eso lo hacía aparecer ante sus ojos como una persona atractiva, nunca le importó el género de su pareja, por eso no tuvo problema en besarlo delante de los invitados, una acción que recordaba como un impulso con el único objetivo de desmoronar el orgullo de Theo, no obstante, parecía que para su actual esposo eso solo fue una broma de mal gusto.
El piloto de la avioneta avisó que pronto aterrizarían, la pista de Centauros era apta para pequeños aviones, una de las tres vías de acceso que permitían ubicarla fácilmente para sitio de encuentro tanto para los festivales equinos que organizaba Yáñez, como para la salida de los productos lácteos que manejaba a pequeña escala.
Al descender, un hombre de unos cuarenta y tantos años se aproximó a Theo para entregarle un portafolio con lo solicitado, escasamente saludó a Zion que se encargó del equipaje y a observar el sitio.
Dante Meriyari, el administrador de la hacienda explicó el itinerario, por la hora esa noche se reunirían con los empleados de la casa, y los encargados de las caballerizas, los cultivos y la lechera. Al día siguiente tendrían las visitas de campo y a la fábrica, de ahí en adelante esperaban que organizará los nuevos horarios y las funciones del personal.
—Me alegra que su estadía ya sea permanente en la finca joven Theo —dijo el hombre con estoicismo, el joven no pudo descifrar el tono que utilizó—, por ahora le dejo descansar y a las seis estará lista la cena. Señor Kobe, permiso.
Zion se sorprendió porque fue la primera vez que lo tuvo en cuenta durante el tiempo efectuaron el recorrido, Yáñez cerró la puerta y se encaminó al closet para desempacar, pensó que en esos tres días había tenido demasiadas emociones, algo molesto para quien normalmente mantenía la situación controlada y sin sobresaltos. Comenzó a colgar la ropa para sentir los ojos de su esposo siguiendo sus movimientos en silencio.
—¿Qué quieres?
—Para ser una persona tan frívola me tiene anonadado el ver como los hombres giran a tu alrededor —Zion se mordió la lengua por la frase, pero quería molestarlo para ver hasta donde era capaz de incitarlo a actuar en su contra—. Dime ¿el juez y el administrador son tus amantes?
—No vale la pena responderte —dijo Theo guardando las últimas prendas extraídas de la maleta, y luego ponerse a buscar lo que se luciría en la noche.
Kobe se acercó a su cónyuge cuando le vio quitarse la camisa y mostrar descuidadamente los chupones y mordiscos de su encuentro s****l. Deslizó sus manos por la espalda de quien se tensó por su toque, descubrió la cintura y se encontró con las marcas de aquel que sin duda lo sujetó con fuerza en lo que quiso justificar fue la despedida de soltero de Yáñez.
—¿Terminaste de examinarme? —Theo inquirió para poder liberarse de la caricia que le recordó el beso de la fiesta de compromiso—, voy a bañarme.
—Si vuelvo a encontrar una marca en tu piel que yo no te haya hecho, te juró que te asesino —la amenaza fue hecha mientras Kobe lo giraba para tomar la cara del pelinegro y besarlo sin su consentimiento.
Theo luchó con fuerza para quitárselo de encima, Zion le desconcertaba por la posesividad que mostraba, una que sin duda era para humillarlo y recordarle que cualquier paso en falso equivalía perder su capital.
—¡Jamás vuelvas a tocarme! —exigió Yáñez tan pronto su boca fue liberada.
—Creo que es buen momento para cumplir con tus funciones maritales querido Theo —Kobe sonrió por la furia que se convirtió en desesperación en los ojos de su marido, no tenía claro hasta donde llegaría, pero de verdad que el pelinegro lo estaba excitando—. Decídelo amor, por voluntad propia o tomaré lo que por ley me corresponde.
La confusión en el menor lo satisfizo, más cuando lo vio terminar de desvestirse y con timidez mostrarse desnudo frente a él. Nunca pensó que un hombre podría ser tan sensual como Theo, quizás desde hacía mucho esa necesidad de competencia era provocada por algo más que rivalidad.
—No voy a violarte Theo, no soy tan animal —dijo riéndose para alborotar su cabello y alejarse sin que se notara la erección que le ocasionó—. Dormiré un poco, por favor despiértame media hora antes de la cena.
Verlo acomodarse en su cama molestó a Yáñez —¿vas a dormir aquí conmigo?
La carcajada sincera de Kobe fue la respuesta junto con la maldita frase que le recordaba que ahora eran marido y… que estaban casados por cinco años.
Tomó la ropa y la toalla para ir al baño, fue cuando Zion volvió a hablar.
—Lo que te dije es verdad, si me enteró que otro es capaz de tocarte, te mato Theo, desde hoy y hasta cuando yo quiera me perteneces.
El dueño de Centauros supo que la amenaza era real, tiró la puerta del baño y se metió a la bañera tratando de normalizar su respiración, nunca sintió tanta rabia por unas simples palabras, Kobe estaba loco si creía que podía burlarse de él, le declaró la guerra y él también sabía jugar, pronto lo tendría comiendo de su mano como el más desesperado de sus admiradores, lo iba a enamorar con todas las herramientas que poseía.
Esa noche cuando bajaron a la cena, Zion lució espectacular demostrando que era un encantador de serpientes, nadie parecía extrañado por ser el esposo del dueño de la hacienda, al contrario, lo felicitaban por su buen gusto.
—Siempre supimos que el joven amo era homosexual, así que no se preocupe por nuestro comportamiento —explicó Dante pasándole una copa de vino—. La mayoría de los que estamos aquí lo vimos crecer, ocultar su orientación por darle gusto a doña Celmira, pero tan pronto como la señora dejó de venir y él se hizo cargo de Centauros, fue como si renaciera.
Kobe bebió despacio del licor en lo que le veía interactuar, Meriyari tenía razón, Theo era otro. Lamió sus labios para con gusto dejarse llevar por la curiosidad, ¿Qué más escondería su querido esposo?