Zion observó a Theo discutir con los inversionistas, tenían tres horas en la reunión y no lograban un acuerdo con respecto al porcentaje que la comercializadora cobraría por la representación. En el tiempo que llevaban juntos Kobe había aprendido a descifrar el lenguaje corporal del ojiazul, el punto límite de la paciencia se agotaba y los hombres frente a él lo desafiaban creyendo, tal vez por su orientación y juventud, que sería fácil de intimidar. Theo se levantó de su asiento, caminó hacía la ventana para respirar profundo y hablar de las ventajas que el mercado poseía para un producto como el que ofrecían, volteó a verlos en lo que pasaba la mano por su cabello desordenándolo con delicadeza, en esas ocasiones Zion deseaba tenerlo encerrado en una habitación disfrutando entre jadeos d

