Sesenta y nueve

1755 Palabras

—Puedo llevarte a casa—, propuso al detenerla del brazo. —La llevaré yo—, se acercó Ángel, le tomó la mano ganándose una mirada asesina de Marcos —Vino conmigo, y volverá conmigo—, al sentirse como una cosa la cual ambos querían obtener, se molestó. Más cuando ambos empezaron a jalarla minuciosamente como si fuese una cuerda. —Me iré sola—, se soltó de ambos —Pasa por mi a las dos—, dijo al dirigirse a Marcos, luego miró a Ángel —Nos vemos mañana—, le dio un beso en la mejilla y se fue, se fue sin mirar atrás, sin mirar a ver a un Marcos que estaba rojo de la cólera. Ángel tenía una sonrisa dibujada en sus labios, la cual se borró cuando Marcos lo tomó del cuello de la camisa y lo sacudió —No pongas tus ojos en mi esposa, ¿entendido? —, con una grande sonrisa, Ángel López le apretó las

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