Sesenta y ocho

1495 Palabras

Marcos agarró a Maite de ambos brazos, apretó las muñecas de la joven y cuestionó —¿Qué estás diciendo? ¿Cómo que nuestro hijo no está muerto? —, a pesar de que hablaba con calma, la menara en qué presionaba sus muñecas era la señal de que aquel hombre estaba irritado —¡Responde! —, la soltó cuando sintió que hacía más presión de lo que debía. —No te hagas el estúpido, Marcos. Sabes perfectamente de que estoy hablando, no trates de engañarme porque no creeré en tu supuesta inocencia, piensas que creeré que no sabes nada de mi hijo después de que has pasado día y noche vigilándome durante estos meses. —No, no sé nada, no se de qué me estás hablando, mujer—, miró a Rebeca, y está bajó la mirada. —Ya hace dos meses que Marcos retiró la vigilancia, soy testigo de eso—, explica Elisa —Nosot

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