Mi cuerpo seguía paralizado, el lugar era un caos, podía ver a mi esposo forcejeando para ser liberado mientras que mi mano sigue firme en la mesa. Lleve mis ojos hacia el horror, efectivamente ya no estaba mi dedo adherido a mi mano, lo veía envuelto en la sangre, con cuidado quite el anillo, ya no me serviría dejarlo allí, me lo puse en mi mano izquierda.- -Renuncia.- escuché a mi suegro hablar.- Mis lágrimas bajaban sin poder controlarlas pero mi mirada seguía siendo firme igual que mi voz. -No lo haré, como verás tengo 9 dedos más, puede continuar.- mencioné volviendo a poner mi mano sobre la mesa sangrada.- -¡Eva cariño!- escuchaba a mi esposo gritar. Yo simplemente le regalé una sonrisa, espero no se sienta culpable por lo que está pasando, todo se debe a su maldito padre. -Bi

