Una verdad liberadora
Aquí voy caminando por las calles de esta oscura ciudad, la lluvia cae como un gran torrente, dejo que me lave por completo, quizás así me sienta menos sucia.
Aún están en mi mente las palabras de Thomas “Estas gorda yo merezco algo mejor”, ¿como pude llegar a creer que él sentía algo por mí?. La verdad es que era yo la que impulsaba que eso pasara, la maldita necesidad de ser amada por alguien me empujó a sus garras.
Yo simplemente era una apuesta, la hija gorda del presidente era una maldita vergüenza, lo peor es que mi propia prima estaba involucrada.
Ahora estoy en mi balcón, quiero calcular cuantos metros hay hasta el suelo, es posible que al lanzarme me rompa el cuello, espero una muerte instantánea, sé que mis padres no me extrañarán, ni siquiera les importo.
Pero algo capta mi atención una caravana de autos están ingresando, eso quiere decir que mi padre está de vuelta, pero aquí lo extraño es que hay más seguridad de lo habitual ¿alguna amenaza nueva?.
-Señorita su padre requiere tu presencia inmediatamente.- es mi nana, es la única con la que puedo hablar en este lugar.
Me levanto del suelo, me pongo mis zapatos, arreglo un poco mi ropa y voy por el, en el camino me encuentro con mi madre, ella ya debe tener al menos una botella de Whisky en sus venas para está hora.
Sigo viendo tantos hombres de seguridad por la casa, como sabrán mi madre coquetea con todos yo simplemente paso mirando el suelo.
Las puertas se abren, mi padre estaba al teléfono, solo nos ve y hace una seña para que nos sentemos, yo así lo hago pero mamá se lanza a besarlo, solo veo como mi padre la detiene y pide que se aleje. Qué relación tan horrible, me digo a si misma.
Mi padre se quita su corbata, se nota que está molesto y preocupado, trato de buscar algo de mis rasgos en el pero es imposible ¿seré adoptada?
-Las he citado el día de hoy por qué tengo dos situaciones que me están atormentando, la primera es que me llegó información sobre una promiscua universitaria llamada Evangelina Sáenz.-
Quedé asombrada con lo que dijo ¿Yo una promiscua?.
-¿De qué estás hablando?- respondí poniéndome de pie.-
Pero la respuesta fue un golpe limpio a mi cara, sentí como su anillo me rompió el labio.
-No tienes idea todo lo que he tenido que hacer para limpiar tu nombre, te has acostado con media universidad humillándome.-
-Pero qué estupidez dices, ¿acaso crees que los hombres aceptaría acostarse conmigo? Solo mírame padre, ¿tengo pinta de mujer irresistible?- mencioné limpiando mi labio.-
El solo me veía de arriba abajo, trataba de comprender lo que le había dicho. Y no es para menos yo no soy como las chicas de mi edad, hace un mes que cumplí 20 años, soy lo que consideran talla Plus, mis caderas son anchas al igual que mis piernas, mi pecho es generoso, suelo usar camisas anchas al igual que los pantalones, no me gusta sentirme ajustada.
Mi nana dice que Dios me hizo con muy buenos atributos, la gente de mi edad le dicen que es gordura y si lo comparamos con las modelos que son talla 4 yo soy como 10 de pantalón.
-Para ser una zorra cualquier mujer sirve.-
-Entonces tengo esperanza al menos de tener relaciones con muchos hombres, quizás me convierta en la próxima Madame Sáenz, una puta importante.-
Otro golpe llegó, mi padre estaba furioso, mi madre solo seguía bebiendo.
-¡Eres una insolente! Pero quizás tengas razón, no creo que sea cierto los rumores, nadie en su sano juicio se metería contigo, no sabes la vergüenza que pasó cada vez que tenemos que salir en público, ¿por qué no te arreglas? Ya estás en edad de que te hagas una cirugía.-
-Vaya padre que amoroso estás hoy, jamás en la vida me habías dicho palabras más hermosas, qué pena ser tu hija, sé que soy una deshonra pero te toca aguantarme, no te queda de otra.-
Una carcajada sonó al fondo, mi madre estaba completamente ebria, ella solo se burlaba de la situación actual.
-Te lo dije Roger, debimos adoptar otro hijo, esa niña era muy fea.-
-¡Cállate Rebeca!-
-¿Entonces es por eso que no me quieres? No saben la alegría que me da saber que no llevo la sangre de ustedes, me parecía extraño ser pelirroja y blanca y ustedes morenos.-
Cualquiera en esta situación se sentiría triste pero en cambio yo estaba dichosa, tenía otra familia, quizás mis padres estén muertos, pero alguien debe quedar.
-Eres mi hija por qué así lo decidimos eso es lo importante.-
Me senté a limpiar mi boca, aún seguía sangrando así que utilice mi camisa para eliminar el rastro de sangre.
-El otro asunto por lo que las llame es para informarles que he recibido constantes amenazas, ya paso al plano familiar pues me han enviado fotos de ustedes dos, supongo que son el objetivo.-
-Bueno te vas a deshacer de nosotras ¿no es buenísimo?- mencioné con sarcasmo.
-No sigas con la insolencia, quiero seguir por 4 años más en la presidencia, si no tengo familia no podré ganar, así que debo cuidarlas.-
Así que por cuatro años más tendré que estar encerrada, que vida tan patética la mía.
-He pedido agentes especiales que estarán al cuidado de las dos, llevarán a estos hombres a todos lados, quiero que comprendan que no pueden ser descuidadas, mis enemigos están esperando que bajen la guardia para secuestrarlas.-
-Supongo que no pagarás ni un centavo por nosotras, moriremos quizás después de una tortura.-
-Que maldita vida la que me tocó, toda la vida al lado de un hombre mezquino, mi madre si me dijo, no te cases con ese hombre, el solo quiere poder, no a ti.- decía mi madre riendo
-Te he dado una buena vida, tienes dinero, viajes y joyas, también sé que te revuelcas con algunos empleados ¿qué más quieres?-
-¡Mi libertad!- su grito venía con un lanzamiento de su vaso, mi padre tuvo que esquivarlo pues por poco le rompe la cabeza.-
-No digas estupideces.-
-Quiero estar lejos de ti y de esa maldita gorda, estoy aburrida de esta casa, soy como un ave encerrada.-
-Pues te aguantas, serán solo 4 años más:-
-Como siempre mientes, primero dijiste es solo mientras la alcaldía, luego la asamblea, después mientras hacías tus años de senador, llegó un ministerio y ahora la presidencia, he estado a tu lado por 25 malditos años.-
-Pues no podrás escapar, sigue con tus hombres eso sí no dejes que te vean.-
-Mientras que tú sigues con esa maldita puta barata Amelia ¿no es así?-
-Tengo derecho de hacer lo que quiera así que no te involucres.-
Mi padre abrió las puertas, ingresó un hombre alto rubio muy tonificado, tenía cara de ángel, muy bello pensé.-
-El es Yáñez, cuidará de ti Rebecca, estará a tu lado las 24 horas del día si es posible, solo espero que no te acuestes con el.-
-No prometo nada.- respondió mi madre
Un hombre más ingreso, creo que mi mandíbula quedó en el suelo cuando lo vi, era un moreno de quizás 1.90 Cms, con ojos miel, su cabello era n***o un poco largo pues estaba recogido atrás, una barba negra perfectamente alineada. Sé que es musculoso pues se ven por su traje, también detalle que tiene tatuajes pues salen de la manga de su camisa y algunos en sus dedos, son letras que no alcanzo a entender bien.
-El es Carson y será tu guardaespaldas Evangelina.-
-Mi carcelario- susurré pasando por su lado.-
El hombre comenzó a caminar detrás de mí, yo aceleré mi paso quería llegar pronto a mi habitación, el de verdad me ponía nerviosa y es que no era para menos, yo era una enana de escasos 1.65cms comparada con su estatura, perfectamente me podría llevar el a mi de llavero.
Entré a mi habitación, fui a cerrar la puerta pero fue detenida por su mano.
-La dejarás sin llave todo el tiempo.-
-¿Qué? ¿Por qué?-
-Es por su seguridad así que la dejarás sin seguro.-
Yo solo lo desafiaba con mi mirada, por lo visto todos sienten el derecho de ordenarme.
Cerré la puerta y me recosté en mi cama, creo que mis objetivos habían cambiado, ya no me lanzaría por el balcón, ahora debía buscar venganza, la lista la encabezaba Thomas y la arpia de mi prima, seguida por mis supuestos padres, ellos merecen una lección, pero también necesito saber quién es mi verdadera familia.
Aquí el punto es que haré con Carson, el dañara mis planes.