Capítulo XX

1069 Palabras
Al día siguiente nos preparamos para la cita con la Doctora Doral. __ Wow - soltando un silbido - te ves increíble, Helena. __ ¿En serio lo crees? - le dije __ Oh sí, estás perfecta. Por cierto, tienes una entrevista hoy en la Escuela Básica y musical «Santa Catalina» al mediodía, hay una vacante para instructora de piano. __ ¿Y eso cuándo pasó? - dije totalmente desconcertada. __ Yo envié tu hoja de vida y con tus buenas referencias, están ansiosos de conocerte. Y si les gustas, iniciarás el año dando clases a todos los cursos. Es una gran oportunidad. Ese día fuimos a encontrarnos con Natalia en un café cercano. Llegamos y nos presentamos. __ Buenos días, Doctora Doral, soy María Jauregui. Ella es mi prima Ileana Peñaloza. __ Mucho gusto María - dándole la mano - mucho gusto Ileana - haciendo lo mismo, pero me miró con desconcierto y se puso nerviosa. __ El gusto es mío - dije. Sentí mucha calidez en su tacto. __ Disculpa, tu mirada... - negó con la cabeza - olvídalo, son cosas mías. Bueno iniciemos María, dame tu informe médico para ojearlo. María le acercó una carpeta. Un mesero se acercó a tomar nuestro pedido. __ Por favor tráeme un café espresso. ¿Ustedes que quieren? - preguntó Natalia. __ Yo deseo... un té de cocoa con un toque de canela y poca azúcar y para tí ¿Un café, María? - mirándola y ella asintiendo. Natalia levantó la mirada. La noté sobre exaltada. __ Disculpa, es que sólo conocí a alguien que le gustara esa combinación - miró al piso - era mi mejor amiga. «Demonios ¿Por qué dije eso?» me reprendí. __ Oh, lo siento - tratando de aliviar la tensión - sólo fue algo que se me vino a la mente. Natalia comenzó a leer el informe de María y en eso llegó el pedido. A las once de la mañana, María me recordó de mi compromiso. __ Es cierto, tengo que irme. __ No te preocupes, yo te llevo - dijo Natalia - Me quedaré con esto, María y te avisaré. Natalia pagó la cuenta, nos dirigimos al estacionamiento, subimos a su auto y me llevó. María hizo lo mismo y me dijo que más tarde habláramos. __ Gracias, Doctora Doral - dije. __ Llámame Natalia, por favor, detesto las formalidades. Dicho esto, se fue. Entré a la escuela y no supe a dónde dirigirme. Oí unos sollozos y no pude evitar seguir. Entré a un baño y del último cubículo provenía el llanto. «Toc - Toc». Toqué la puerta. No hubo respuesta. __ Me gustaría poder ayudarte. ¿Por qué no hablamos? – le dije suavemente. El cubículo se abrió y salió la chica. __ Hola - dándole una mirada tierna. __ Hola - intentando contener el llanto. __ ¿Te gustaría hablar? La chica al mirarme a los ojos, explotó en llanto. Mi reacción inmediata fue abrazarla. Ella se unió a mi abrazo. __ El chico que me gusta es un idiota. Lo oí decir que yo provenía de una familia rara y de seguro yo era igual. No sé por qué, pero la sangre me hirvió. Sin embargo, conservé la calma. __ Tranquila, cariño, las personas tienden a juzgar lo que no entienden. Cada quién es libre de amar a quien quiera. Amor es amor. La niña se estremeció. __ Eso decía mi mamá... Cuánta falta me hace - volvió a llorar - A mi otra mamá no me atrevo a hablarle de esto, porque literalmente quiere golpear a cualquiera que me lastime. __ Es que de seguro te quiere mucho, ¿No es así? __ Sí, yo lo sé. De verdad, gracias - dijo cortando el abrazo y secándose las lágrimas - ya me siento mejor. __ Que bueno, cariño. ¿Ahora podrías decirme dónde queda la rectoría? __ Sí, claro. Saliendo de aquí la segunda puerta a la derecha. __ Oh gracias, princesa. Cuídate y no llores más. La chica me dedicó una sonrisa y yo le di una de vuelta. Salí y me dirigí a la rectoría, allí me estaban esperando. ***** Salí de la escuela y fui al Centro Comercial Las Garzas por comida. De pronto me provocaron unos sándwiches. Almorcé uno allí y compré cuatro para llevar. Me dirigí al hotel donde me hospedaba con María. __ Cuéntame ¿Cómo te fue? __ Dime que hay alcohol. __ Obvio amiga - fue por unos vasos y sirvió dos tragos, dándome uno - ¿Qué celebramos? __ Estás frente a la nueva instructora de piano de la Escuela Básica y Musical «Santa Catalina». Tenías razón, me dieron el empleo. Comienzo en enero. __ Me alegra mucho - María me abrazó - sabía que lo lograrías. Por cierto, mañana tengo que acudir con la Doctora Doral, tú quédate a descansar. ***** María fue con Natalia. Se vieron en el mismo café de ayer. Yo me quedé descansando un poco. Estaba ansiosa por empezar, quería conocer a mi hija y obviamente, ver a Juliana. María fue cautelosa con la información que me dio, me la iba dosificando. No me mostró fotos de Natalia, Juliana o de mi hija. Así era más factible que los recuerdos vinieran a mí de forma espontánea y me imagino que comprobaría que yo era quién decía que soy. Me quedé dormida pensando en esto hasta que sonó la puerta. __ ¿Adivina qué? Tu amiga quiere que su hijo reciba clases particulares de piano y le hablé de ti. Le dije que te preguntaría, así que tienes la última palabra. __ Eso es fantástico. ¿Cuándo comienzo? __ Ven mañana conmigo y hablas con ella. Yo le mencioné que estaríamos en Madrid por poco tiempo, porque no vivimos aquí. __ Ok ok. Por cierto ¿Llamaste a Trino? Necesito saber de los peludos. __ Ellos están bien, tuvimos una vídeollamada ayer mientras estuviste fuera y me los mostró. También me envió fotos - mostrándome el celular - no te preocupes. __ Bueno han sido unos días largos. Me daré un largo baño de tina y cenaremos para dormir. María asintió y me fui a bañar. Me relajé demasiado, que casi me quedo dormida. Juliana no salía de mi cabeza. «Siento que la amo, apenas oigo su nombre, mi corazón late de forma desesperada y mi ser vibra. Ella tiene que ser muy especial».
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