Capítulo XI

1243 Palabras
Cuatro años después... __ Cariño, te ves tan hermosa - Le dije a Helena mirándola de arriba a abajo. Era el día de nuestra graduación, estábamos en casa de mamá arreglándonos. Ella lucía un vestido azul rey brillante de tiritas, ceñido al cuerpo por encima de la rodilla. Un collar con un dije de la letra «H» que le regalé hace un mes y una tobillera que hacía juego. Y unos tacones negros que la hacían lucir más alta de lo que ya era. Su maquillaje sencillo y su labial fucsia. Su cabello alisado suelto a la altura del pecho. Se lo cortó y se le veía genial. Yo vestía un jean n***o oscuro pegado al cuerpo, una camisa manga larga blanca cuello Mao, una chaqueta jean negra, un cinturón dorado que combinaba con mocacines de cuero del mismo color. Maquillaje discreto. Victoria me maquilló, fue divertido jejeje. Y el cabello n***o corto tipo Pixie con mucho gel fijador. Seis meses después… Es increible cómo pasó el tiempo. Ya tenemos cinco años juntas. Ambas con una carrera y toda una vida por delante. Helena me ayudó a crecer, me animó a estudiar y me apoyó financieramente cuando lo necesité. Afortunadamente, Ensueños Vargas se levantó con la fabricación y venta de anillos de graduaciones. Helena nos ayudó con la promoción, y con su habilidad de convencer a las personas, atrajo mucha clientela de la universidad. Se corrió la voz y nos convertimos en los proveedores de varias instituciones estudiantiles en Madrid. Recuperamos la tienda en Valladolid y mamá adquirió ese local. Era más factible que pagar alquiler constantemente. Dejé de trabajar en la tienda de Madrid para llevar la contabilidad de todas las sucursales. Teníamos en Zaragoza, Castilla y León, Andorra, Segovia, , Castilla la Mancha, Andalucía y una segunda tienda en Galicia. Trabajaba desde el portátil en casa y sólo acudía una vez al mes a cada tienda para firmar las relaciones contables y supervisar el inventario. Para aquel entonces, contraté los servicios de un contador certificado mientras estudiaba. La casa que renté mientras trabajaba en la primera tienda en Galicia la compré hace tres años. Helena y yo íbamos cuando estábamos de vacaciones anuales, nos venía bien salir del ajetreo de la ciudad. Helena trabajaba de psicóloga en una escuela pública de Madrid en la mañana y tenía un pequeño consultorio rentado que atendía por las tardes. __ Hola cariño, estoy muerta – dijo Helena quitándose los tacones y dándome un beso - Que bueno que acabaron las clases por este año. ¿Qué hay de cenar? __ Me llevó todo el día – Suspiré - Preparé Linguini en Salsa Alfredo. __ Suena delicioso. Voy a ducharme y bajo. Ordené la mesa y coloqué unas velas. Serví los platos y dos copas de vino tinto. Helena amaba esos detalles y por lo ajetreada que estuvo intuyo que lo olvidó; porque cuando bajó su cara era un poema. Acomodó su cabello con ambas manos, un tic que tenía y que repetía cuando estaba nerviosa. __ Feliz Aniversario mi amor. Espero que te guste la cena. __ Ay amor discúlpame ¿Era hoy? – se ruborizó - Pensé que era el domingo. __Come cariño, la comida se enfría – sonreí divertida. Transcurrió la cena y nos fuimos a la cama. Adoptamos la costumbre de conversar sobre nuestro día antes de dormirnos. __ ¿Qué tal tu día? ¿Llamaste a tu mamá hoy? __ Ajetreado, pero me tomé un respiro para poder cocinar. Mamá está en casa de Demetrio, pasará el fin de semana con él. Ese roba madres – dije burlonamente. __ Ay amor, ella merece rehacer su vida. No puedes negarle ese derecho. __ Lo sé amor, es sólo que no quiero que le hagan daño. Y ahora la veo menos – hice un puchero. __ Estás actuando como mi madre lo hacía conmigo tiempo atrás – rió - Demetrio es un buen hombre y la quiere. Si ella lo eligió, tienes que respetar su decisión y apoyarla. __ Siempre sabes que decir para calmarme, Helena Cabral. Qué talento que tienes. Y tú, ¿Has hablado con mi querida suegra hoy? __ Sí amor, está con Nicolás. Aunque insista en negarlo, están saliendo. Cuando me lo cuenten fingiré sorpresa para no abochornar a mi madre – soltó una carcajada. Su risa me encanta, es melodía para mis oídos. Y los hoyuelos que se le hacen al sonreír son una cosa linda. A veces me pregunto si habrá algo que me disguste de ella. __ Mi amor tengo algo serio que decirte. Sé cuánto deseas volver a Galicia, sé que es una forma de conectar con tu padre y tu infancia. Así que te informo que envié mi currículo a varias escuelas y me admitieron en la Escuela Básica María Auxiliadora. Comienzo en dos meses. Hagamos nuestra vida allá. No podía creer lo que estaba escuchando. Era tanta la felicidad que no supe que decir, no tenía palabras para expresar lo que sentía. Ella me conoce demasiado y sabe que esto significaba mucho para mí. El hecho de renunciar a su vida en la gran Madrid para mudarse a un pequeño pueblo conmigo, era el mayor acto de amor que pudo haber tenido. ... La Señora Indira nos invitó a una parrillada para celebrar el fin de año. Nicolás ofreció su casa, la cual tenía un patio amplio con asador al aire libre y un comedor con concepto abierto. Aparte de ellos dos estaba mi mamá con Demetrio, Victoria, Natalia, Helena y yo. Nicolás preparó unas brochetas. Demetrio trajo varias botellas de Ron y se encargó de servir los tragos. Mientras las brochetas se cocinaban, Nicolás pidió la atención de los presentes y tomó la palabra. __ Gracias a todos por venir. Aparte de celebrar el logro de las chicas - hizo alusión a nosotras cuatro - quería aprovechar la oportunidad de comunicarles algo - abrazó a la Señora Indira y siguió – Esta dama y yo tenemos meses saliendo y me complace anunciar que le pedí que fuera mi esposa y aceptó. Todos aplaudimos. La mayoría estaban sorprendidos con la noticia menos Helena y yo, porque ya ella lo intuía y me lo comentó hace unos días. La Señora Indira se veía tan relajada, a diferencia de su postura eternamente intimidante y seria. Aproveché el momento y pedí la atención de todos para decir unas palabras. __ Bueno Señores, voy a aprovechar esta ocasión para hacer algo que llevo meses pensando y este me parece el momento perfecto - Me volví hacia Helena, saqué de mi bolsillo un estuche y me arrodillé - Helena, Cariño. ¿Te casarías conmigo? Todos quedaron sorprendidos, incluyendo mi Helena. Cada vez que me lo mencionaba, yo evadía el tema, fingía que no me interesaba. Mi intención era sorprenderla de esta forma. Helena se puso roja como un tomate, no decía nada. Natalia y Victoria estaban derretidas. Me extendió su mano para que me levantara, me echó los brazos al cuello y me besó apasionadamente. Por un momento fue como si en el mundo sólo existiéramos ella y yo. Se separó de mí y volvimos a la realidad cuando la audiencia empezó a toser. Era la primera vez que nos besábamos frente a nuestros conocidos, Helena siempre cuidó ese detalle. Supongo que la emoción la dominó y se dejó llevar. __ ¿Eso es un sí? __ Obvio que sí. Y cuanto antes mejor. Están todos invitados.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR