Capítulo XII

1192 Palabras
La Señora Indira (No me acostumbro a la idea de llamarla Indira a secas) y Nicolás se casaron esa semana, fue una boda sencilla y se celebró en la casa de Nicolás. Vinieron varios colegas del bufete de ella y algunos compañeros de trabajo de él. Por nuestra parte estábamos viendo en que ciudad de Francia nos casaríamos, que no fuese tan costoso el viaje y la luna de miel. La opción que elegimos fue Marsella, Helena quería playa. ... Dos semanas después nos casamos. Fue una ceremonia en la playa, al final de la tarde. Helena lucía un vestido blanco de tela fresca, tipo top con cierre en la espalda y unas sandalias. Yo lucía una camisa blanca manga tres cuartos con un pantalón blanco de la misma tela y también sandalias. Después de una pequeña celebración nos fuimos a la habitación, mientras el resto se quedó en el bar. Helena me pidió que me acostara en la cama, mientras ella se desvestía. Alcanzó el cierre del vestido que estaba en su espalda y lo deslizó lentamente. Esto con su mirada en la mía. Desabrochó el sostén y luego se deshizo de su ropa interior. Se quedó un momento así para que yo la contemplara. Me hizo una señal y me quité la ropa en un instante. Se incorporó a la cama, nos sentamos una frente a la otra y comenzamos a besarnos lentamente. Nos acariciábamos con suavidad. Helena encajó sus uñas levemente en mi espalda y se adentró en mis pechos. Primero uno y luego el otro, los besó y mordisqueó mientras yo gemía. Cuando paró, hice lo mismo. A diferencia de todas las veces anteriores, ésta vez procuramos dar y recibir al mismo tiempo y hacerlo lento. Disfrutarnos, porque aunque había un deseo infinito, el amor lo superaba. Nos acostamos de lado y nos estimulamos mutuamente. Admito que es díficil concentrarse en dar mientras recibes, por eso íbamos despacio. Los besos se hacían apasionados pero seguían lentos, así lo quería mi Helena. Era como si quisiera borrar la primera vez de su vida e incorporar este recuerdo en su lugar. Nunca me mencionó como fue eso y nunca me atreví a preguntar. Luego tomé la iniciativa y me giré para quedar encima. Abrí sus piernas y me metí entre ellas para que nuestros sexos rozaran. Besé su cuello y comencé a moverme lentamente, ella igual. Volví a sus labios y entre cada beso le susurraba «te amo» «eres tan hermosa» «eres lo mejor que me ha pasado en la vida» «mi corazón te pertenece» «soy tuya». Ya se aproximaba su liberación, podía sentirlo. Y la mía venía también. Continuamos en ese ritmo lento hasta que un grito ahogado estalló en mi oído. Instantes después también me vine. «Esto es real» me decía a mí misma. «Realmente estamos aquí y estamos juntas. Casadas». __ Esto es real mi amor. Estamos casadas - me dijo Helena respondiendo a mis pensamientos y colocando su cabeza sobre mi pecho - te amo. __ Yo también te amo - respondí abrazando su espalda, halándola más hacia mí. Estuvimos unos minutos en silencio, hasta que mi pecosa decidió hablar. __ Mi primera vez fue horrible - dijo, tragando grueso - Accedí porque realmente me gustaba la chica, pero me arrepentí a última hora. Tenía puesto un... ya sabes - se puso roja - y aunque dije No, no me escuchó, no paró. Fue ruda, nada romántica. Es por ello que decidí siempre tomar la inicial, así no podrían lastimarme. Cuando me dijiste No la primera vez, me vino ese recuerdo, recordé lo asustada que estaba. Y en mi corazón supe que contigo las cosas podían ser diferentes. Después de esa chica, admito que me acosté con muchas, incluyendo a Andy. Pero la verdad, es que me he entregado sólo a ti y eso no lo he hecho con nadie. Finalizó y se abrazó a mi pecho. __ Realmente me gustabas Helena, pero no quería que fuese así. Yo te quería en serio, más aún sabiendo que podía haber una oportunidad. Y pensé que después de ese día no querrías saber nada más de mí - Suspiré. __ Al contrario, creo que me enamoré de ti desde ese día. La forma en que me cuidaste el día que enfermé, sin morbo alguno. Y cuando preparaste aquella sorpresa en tu casa, estaba tan nerviosa. Sabía lo que tenía que hacer, pero contigo no era sexo. Era la primera vez que haría el amor. __ Ya todo lo malo quedó en el pasado, mi amor. Ahora estamos juntas y con una vida por delante. Tenemos muchos buenos recuerdos que crear. ... __ Amor despierta. Hoy tengo la cita con el Doctor Buvierê. __ ¿Uh, es hoy? - exclamé somnolienta. __ El Doctor Ortuño me refirió con él y hay que aprovechar mientras estemos aquí. __ Ok amor, me ducho y bajo. Viajamos a Rennes, a la Clínica de Fertilidad Rennes le Château. Helena estaba ansiosa por convertirse en mamá. Quería iniciar el proceso cuanto antes. Se hizo los exámenes de rutina, elegimos los posibles donantes y en dos días notificarían para agendar la cita para la inseminación. ***** Helena fue a la playa temprano y yo me quedé en la habitación. Estaba trabajando en la portátil cuando llegó un correo de la clínica para ella. Buenos días, Señorita Cabral. Me temo que le tengo malas noticias. Su Hematología Completa indica que tiene muchos valores por debajo de lo normal. Hablé con el Doctor Ortuño y ambos coincidimos en que si Usted se embaraza, comprometería su salud porque tendría que dejar de tomar su tratamiento durante ese tiempo. Dada su condición, debería considerar otras opciones. Dr. Jean Paul Buvierê. No entendí nada. ¿Condición de qué? ¿A qué se refería el Doctor? Ella nunca me había mencionado nada de que estuviera enferma. ¿Los frascos? Ella tenía deficiencia de hierro. A veces se desvanecía, pero nada grave supongo. Ella no me ocultaba nada. Sacudí esos pensamientos, dejé el trabajo y me fui a la playa a alcanzarla. En un par de días teníamos que regresar. A lo lejos la vi nadando. Fui un momento al bar y me tomé dos whisky sin hielo, necesitaba calmarme. No sabía cómo iba a afrontarla. Seguro que ella me iba a decir, pero en cinco años de relación me parece ilógico que no lo mencionara. Me fui a su toldo con un tercer trago de whisky. Al rato salió ella, tomó la toalla y se secó un poco. __ El agua está divina. Deberías venir - Se sentó en el borde de la silla playera frente a mí. __ Cariño - no sabía cómo decir esto - Llegó un correo de la clínica y no son buenas noticias. Helena se puso roja. Llevó sus manos a la boca. Talves ya sabía la respuesta. Me quitó el trago de la mano y se lo bebió de un solo golpe. Se arropó con la toalla y me condujo a la habitación. __ Siéntate Juliana. Lo que te voy a decir no es fácil para mí... - Comenzó a titubear – Yo… Yo…Tengo leucemia.
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