«Yo… Yo…Tengo leucemia»
No podía creer lo que estaba escuchando. No imaginaba que fuera tan grave.
__ ¿Cuándo ibas a decirmelo? - le reproché, reprimiendo mi enojo.
__ No iba a hacerlo. Cuando viajé a Galicia la primera vez quería dejarte, alejarme de tu vida. Pero cada día que pasa te amo más y más y no reuní las fuerzas para hacerlo. Perdóname, es lo único que te he ocultado, lo prometo.
Se paró de la cama dándome la espalda. Me le puse enfrente y la abracé. En ese momento mis emociones estaban mezcladas: sentía enojo por haberme enterado así. «¿Por qué no confió en mí?». Sentía miedo de perderla «¿Por qué ella mi Dios?» y Sentí tristeza de que no pudiera cumplir su anhelo. Estoy segura de que sería una excelente madre. A mí también me hacía ilusión, pero no iba a permitirlo comprometiendo su vida. En un segundo toda la felicidad se veía amenazada por ese oscuro presagio. Pero si yo me estaba sintiendo mal, ella la estaba pasando peor. Cargando ella sola esa cruz, ese dolor a cuestas sin compartirlo.
Empezó a llorar, lloró muchísimo. Era como quitarse un pesado listón del pecho.
__ Cariño, aquí estoy, te tengo - comencé a susurrarle y acariciarle el cabello – Vamos a superar esto mi amor. Todo va a estar bien, mi pelirroja preciosa.
...
Las vacaciones acabaron y el año escolar inició hace meses. Helena trabajaba en la mañana en el colegio y rentó un sitio que usaba como consultorio por las tardes. El mismo cronograma de trabajo que tenía en Madrid. Yo seguía con mi trabajo a distancia. Habían días en los que me sentía tan mal que el trabajo se me acumulaba. Aprovechaba el tiempo a solas para llorar, porque ante Helena tenía que hacerme la fuerte.
...
Eran las cinco de la tarde, Helena estaba por llegar. Me dispuse a hacer comida para cuando estuviera en casa.
No oí la puerta por el sonido de la cocina. Sentí unos brazos alrededor de mi cintura y un beso en mi cuello.
__ Buenas tardes, cariño.
__ Buenas tardes, mi amor - respondí sin voltear.
Helena me soltó y se fue arriba a ducharse.
Cuando bajó serví la cena y nos sentamos a comer en silencio. Recogí los platos para lavarlos, mientras Helena ordenaba la sala. No me encontraba de humor. Deseaba acostarme temprano hoy y por lo que vi ella igual.
Ya en la cama, Helena inició la conversación de la noche.
__ Mi amor, Natalia me inscribió en un Simposio de Psicología Familiar que harán en Rennes la próxima semana. Ya pedí esos días libres en el colegio.
__ Que bueno nena. ¿Cuándo te vas?
__ Este fin de semana. Quiero aprovechar esos días para ir a la Clínica Rennes le Château, para que me expliquen sobre la Fertilización In Vitro. Leí que tiene una tasa alta de efectividad y es menos riesgosa.
__ Pensé que te habías olvidado de eso - le solté con molestia - No quiero que lo hagas.
__ No lo he olvidado. ¿Por qué no puedes apoyarme por una jodida vez? - Suspiró molesta - No te estoy pidiendo permiso.
__ Lo siento, pero no puedo apoyarte en esto. No quiero que te pongas en riesgo y perderte antes de tiempo.
__ Si Dios me lo permite lo voy a intentar, estés de acuerdo o no. Buenas Noches.
Me dio la espalda y se durmió. Fuí a la cocina, me serví un trago de whisky, tomé uno de los cigarrillos de Helena y salí al porche a tomar aire. Era la primera vez que nos enojabámos de esa manera. Si un defecto teníamos, es que ambas éramos obstinadas al creer tener la razón. Sin embargo, ella cedía y yo igual, pero esta vez no creo que ninguna lo hiciera.
Con unos tragos y unas bocanadas del cigarrillo me calmé un poco. Dios, me casé con una mujer jodidamente terca y no le voy a ganar. Sé que estoy siendo egoísta, pero ya estoy sufriendo con el hecho de saber de su enfermedad. No quiero que la vida me la arrebate antes de tiempo. Pero sé que no podré disuadirla, ella lo hará. Si las circunstancias fuesen distintas, me haría tan feliz. La idea de tener un pequeño bebé correteando por la casa era algo que nos imaginámos, además de la alegría que le daríamos a nuestras madres, ya que ellas daban por hecho de que no serán abuelas.
...
Helena viajó al Rennes el sábado, se quedaría con Natalia, quien se había mudado al año siguiente de haberse graduado, al quedar encantada con la ciudad en algunos Simposios a los que asistió. Vivía sola en un pequeño piso tipo estudio. No había encontrado el amor aún, pero se divertía con romances ocasionales que conocía en sus salidas nocturnas.
__ Juliana es una obstinada, pero en cierto modo la entiendo porque está asustada - le dijo Natalia a Helena - Esa mujer te adora.
__ Esto es lo que me faltaba. Estoy necesitando de apoyo y ¿Ahora resulta que tú te vas a poner de su parte? - gruñó Helena.
__ Helenita te amamos y no queremos perderte. Pero soy tu amiga y te apoyaré en lo que decidas, así no esté de acuerdo.
__ No espero menos, Natalia. Ven, ayúdame a elegir un atuendo para el Simposio.
...
Helena y Natalia fueron al Simposio en la mañana del lunes y al salir de ahí se dirigieron a la Clínica de Fertilidad Rennes le Château. Natalia la esperó, mientras ojeaba unas revistas que estaban en el vestíbulo y a la media hora Helena salió, con un folleto y toda la información.
...
Helena había agendado una cita para el día siguiente en la mañana. Se sometió a una punción ovárica para extraer los óvulos que serían fecundados con la muestra elegida. En cuatro semanas debía volver para la implantación. Fue a dónde Natalia, empacó su ropa y se fue esa misma tarde a España. Llegó a Galicia pasadas las dos de la madrugada. Entró al cuarto, se cambió y se metió a la cama.
__ Hola - susurró Helena.
__ Hola - le dije en voz baja. ¿Cómo te fue?
__ Bien. Cariño, discúlpame por lo que pasó hace unos días. Yo...
__ shhh - La hice callar y la halé hacia mí - Fuí una idiota, ven aquí. Olvidemos eso y vamos a dormir.