Capítulo XIV

1058 Palabras
Helena no fue a trabajar, estaba dentro de sus días de permiso. Cómo disfrutaba contemplarla dormir, su rostro estaba suavizado y sin ninguna preocupación. Me levanté, fui al cuarto de baño y luego a la cocina a preparar el desayuno. Estaba cocinando unos huevos revueltos y algunas lágrimas salieron de mis ojos. Sentí unos brazos alrededor de mi cintura y un susurro en mi cuello. __ Cariño, no llores - todo va a estar bien - dijo con voz arrulladora. __ No estoy llorando, amor - me repuse disimulando, apagando la hornilla - es la cebolla que me irrita los ojos. __ Contigo he sido feliz más tiempo que lo que fui en mi vida. Solo quiero pedirte algo. Que le des a nuestro bebé el mismo amor que me das a mí. Me volteé para quedar frente a ella. La abracé y oculté mi rostro en su cabello. Helena era capaz de leer en mis ojos lo que fuera, y la verdad sabía que yo no estaba contenta con su decisión. __ Eso no tienes que pedírmelo, Helena. Voy a cuidar de ustedes dos y no les va a faltar nada, mucho menos amor - respondí con calma - ¿Qué te parece si almorzamos fuera hoy? __ Déjame adivinar - dijo Helena sonriendo, con sus brazos en mi cuello y yo con los míos en su cintura - sándwiches. Y después vamos al cine, tenemos tiempo que no salimos. __ Lo que tú digas, mi pelirroja. ... Transcurrido el mes, viajamos a Rennes para que a Helena le implantaran el óvulo que había sido fecundado en la Clínica Rennes le Château. Se nos explicó que en dos semanas se debía confirmar el embarazo mediante una prueba de sangre, y de ser positiva se iniciaría el control prenatal con el Doctor Ortuño en el Hospital El Doral. El Doctor Buvierê le haría seguimiento al caso. Tres meses después… Helena estaba embarazada. Admito que estas últimas semanas me volví un tanto fría con ella. Estaba apática, no era que no estuviera pendiente de todo, pero todavía no procesaba esto. Aparte era una temporada alta de trabajo porque había graduaciones. Incluso en un par de ocasiones me sentí asfixiada y salí por la noche conduciendo a ningún lugar, sólo quería despejarme. Regresaba entrada la madrugada con aliento a alcohol y Helena me echaba del cuarto. Cuando infería una posible discusión preferí huir, me comporté como una cobarde. Me sentí muy mal por eso y decidí honrar la promesa que le hice hace años atrás. Tenía que cuidar de mi familia y dejar de lado el reconcomio que sentía. ... Estábamos en el Hospital El Doral en el segundo control. No estuve presente en el primero, porque tenía mucho trabajo acumulado y tuve que viajar todos esos días. El Doctor Ortuño nos mostraba a través del ecosonograma a nuestro pequeño bebé. __ Todo está perfectamente, Señora Cabral – Dijo el Doctor Ortuño – Es una niña. Me invadió la emoción cuando escuché esa noticia. Era como si la esperanza hubiera retornado a mi vida. Me sentí feliz de nuevo y pude darme cuenta de lo afortunada que era. Abandoné la amargura que me estaba consumiendo y me dispuse a disfrutar de todo este proceso. __ Cariño, ¿Quieres ir al Centro Comercial Las Garzas? Vamos a comprarle ropita a nuestra nena. __ Sí amor – dijo Helena emocionada – Y comemos algo, porque muero de hambre. ... Esa tarde estuvimos mirando tiendas y comprando ropa de bebé, biberones, chupones y todos esos artículos que fuese a usar. Almorzamos, pasamos por el supermercado y luego nos fuimos al piso de Helena. Decidimos hacer una pequeña reunión al día siguiente para anunciar la buena noticia. ... La reunión se llevó a cabo con normalidad. Ya en la noche, Helena subió al cuarto y yo me encargué de ordenar todo abajo. Luego subí y me incorporé a la cama. Ya se había dormido, le estaba dando mucho sueño. Volvimos a Galicia y llevé a Helena al trabajo para que introdujera el reposo prenatal. Cuando regresara reprogramaría las citas que estaban pendientes. Pasamos la noche en casa y al día siguiente nos regresamos a Madrid. Era más conveniente estar en la ciudad en caso de cualquier eventualidad y estábamos más cerca del Hospital El Doral en caso de emergencia. Cinco meses después… Viajamos a Rennes, Natalia nos dio alojamiento. Helena fue hospitalizada en la Clínica Rennes le Château una semana antes, para vigilar su estado de salud e inducir el parto. ... Llegó el momento. Estábamos en la sala de parto, Helena sostenía mi mano y la apretaba muy fuerte. Cuando pujó, oí el llanto de la bebé. Me desmayé y cuando desperté estaba en un sofá con una bolsa de suero conectada a mi brazo y con un fuerte dolor en la parte posterior de la cabeza. Cuando salí de ahí pregunté en que habitación estaba y fui a verla. __ Cariño, te estábamos esperando. ¿Cómo la vamos a llamar? - me dijo mostrándome a la bebé. __ Es hermosa… ¿Te gusta Victoria? – le pregunté - Así se llamaba mi abuela, la mamá de mi padre y también mi mejor amiga. La que hizo posible que nos conociéramos - Recordé. __ Victoria Celina Vargas Cabral – le dijo Helena a la enfermera, la cual anotó y se retiró – pensé que habías huido – comenzó a reír, recordando lo que pasó. __ Eso ni pensarlo, las amo – Las besé a ambas en la frente - Dios las bendiga. ... Esperamos unas semanas para volver a España. Decidimos pasar el primer año de Victoria en Madrid, ya que el Doctor Ortuño nos refirió con un pediatra de su confianza para su control. La niña estaba sana, era de complexión gruesa, piel muy blanca y cabello rojizo como su madre. Sus ojos eran azules como los míos. Su personalidad era extrovertida y amigable. ... Se cumplió el reposo postnatal y volvimos a Galicia. Helena volvió al trabajo. Yo me quedé cuidando de Victoria. Los primeros días Helena me llamaba cada hora para chequear que la niña halla comido, si le di su baño, si tomó su siesta, etc. Estaba muy nerviosa por no poder estar allí. Incluso pospuso las citas del consultorio hasta nuevo aviso para llegar más temprano a casa.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR