Alexis Hoffmann La cena en casa de Rodrigo no tenía nada de común. Podía oler la tensión incluso antes de entrar al salón. La mesa estaba impecable, como si eso pudiera disfrazar la incomodidad que todos sabíamos que iba a estallar tarde o temprano. Sabía que la única forma de aclarar este malentendido era hablar de frente así que le pedí a él que organizará una cena y no se negó. Por supuesto nadie conocía el motivo. Rodrigo estaba en la cabecera con su habitual aire de autoridad. Marina, su esposa y madre adoptiva de Kira y Verónica, repartía panecillos con una sonrisa tensa. Regina, la abuela de las muchachas, me estudiaba con la elegancia de quien ha vivido más de lo que aparenta y sabe reconocer una fortuna a kilómetros de distancia. Kira estaba sentada frente a mí, hermosa, inc

