Capítulo 1: El día en que el cielo ardió
Pablo era un niño bueno y de buen corazon que aprendió desde muy joven que los sueños podían romperse antes de siquiera empezar. En su propia casa no había refugio, solo gritos, desprecio y golpes invisibles que dejaban cicatrices más profundas que cualquier herida. Su familia nunca creyó en él y siempre le daban muchos golpes, y con el tiempo, Pablo tampoco lo hizo.
Lo que no sabía era que nunca estuvo solo.
Desde otro mundo, oculto más allá de la comprensión humana, los persona lava observaban cada movimiento de la familia komori a través de grietas especiales. No miraban por curiosidad, sino por destino.
En ese mundo ardiente y vivo, Paburo apretaba los puños con furia. Sus ojos brillaban como magma.
—Cuando se rindan… —juró—, los gobernaremos.
En el trono volcánico, la Madre Volcán sintió una perturbación que recorrió toda la tierra ígnea. Algo había comenzado.
—Reina… —dijo Kayoshi, entrando apresurada—. Nos avisaron con urgencia.
—Habla —ordenó la Madre Volcán.
Kayoshi activó su tablet. El rostro de la Reina Agua apareció en la pantalla.
—El mundo humano está en peligro —dijo—. El evento ocurrirá el 15 días exactos
El silencio fue absoluto.
—¡¡¡NO!!! —rugió la Madre Volcán—. Avisen a todos los persona lava. La destrucción ha comenzado.
Esa misma mañana, Pablo se levantó como cualquier otro día. Se puso el uniforme escolar, se lavó los dientes sin mirarse demasiado al espejo y desayunó en silencio. Luego tomó su mochila y salió rumbo a la escuela secundaria no era lo maximo pero era mejor que estar en casa…con ellos