Capitulo 16

2587 Palabras
Mi vida laboral iba viento en popa, lo malo era, que no estaba al nivel de la personal. Aarón había conseguido que mi psiques estuviera cada vez más descontrolada, por sus imprevistos cambios de dirección sentimental. No sabía nunca que esperar de él, así como sentía que podía y debía, esperarlo todo, era demasiado voluble. Mis piernas se cruzaron como instintivamente, cuando pensé en lo bien que lo habíamos pasado los días que estuvimos en aquel hotel, siendo una pareja común y corriente de recién casados que no pueden estar fuera de las sábanas ni una hora. El solo recuerdo me hizo palpitar entre mis pliegues y contraje mis muslos para controlar la sensación, sobre todo cuando levanté la vista para encontrarme con los clientes. — Bienvenidos, pasen por favor — me levanté de inmediato, algo nerviosa por el mal momento de tenerlos delante sin haberme dado cuenta y yo pensando en los polvos que algún día tuve con Aaron. Les indiqué las sillas delante de mí para que tomaran asiento, y no pude evitar ponerme un poco sonrojada por la intensa y sería mirada del hombre, acompañado de su madre que tenía delante. Mientras ella mantenía una sonrisa cálida, en sus aparentes cincuenta y tantos años, canosa, ojos azules, pelo corto y crespo, mirada dulce... Él era todo lo contrario a su madre. Alto, guapísimo, treinta y pocos,pelo oscuro y barba llena con un lunar de canas en la punta de la barbilla y unos ojos verdes que parecían esmeraldas perfectas, mirándome con impaciencia. — Siéntense por favor — les indiqué con torpeza, porque la mirada honda de aquel hombre en traje caro y mentón arrugado por su gesto de seriedad y obvia molestia, me ponía nerviosa. Mony apareció por detrás, con una bandeja que traía dos cafés y chocolates, además de una botella de agua para mí, que casi le beso la boca para agradecerle, pero en cambio le dí un guiño corto y me sentí obligada a desviar la mirada hacia el hombre cuya madre bebía café tranquila y él se tocaba la mandíbula pensativo y escrutador hacia mi persona. — Me dijo mi asistente que buscan un inmueble para su hijo — preferí romper el hielo dirigiéndome hacia la señora, porque su otro hijo me tenía al borde del colapso, nunca en mi vida un hombre me había hecho sentir así de desnuda y nerviosa. Ni Aarón había logrado algo así. Él había ido a por mí directamente, pero en este caso no sabía si le molestaba algo de mí, o simplemente me veía con deseo. — Así es cielo — contestaba la señora, dejando la chocolatina a un lado, e inclinando su cuerpo hasta recostarse en la silla y de alguna manera tratando de transmitirle a su hijo su deseo porque hablara, pero él seguía con la misma postura sin sacar la vista de mí — Neil quiere que sea algo con clase, pero no demasiado grande — señaló el chico a su lado, que con un codo apoyado en la silla, mantenía su vista en mí, solo que en esta ocasión me sostuvo la mirada, deslizandolos luego por mi pecho, del derecho al izquierdo haciéndome sentir desnuda ante sus extraños ojos verdes — disculpen un momento. Eso fue lo último que dijo antes de salir y nunca volver. Habían pasado cinco minutos de reloj, que me supieron a cinco horas a solas con aquel hombre que no cambiaba su postura escrutadora e intimidante sobre mí, y solo hasta entonces él habló luego de recibir una llamada telefónica, y guardando su móvil dentro del saco de su traje dijo... — Mi madre no podrá volver — le sonreí por educación, en una sonrisa sin dientes mostrados — supongo que seremos solo nosotros dos. Aquello me puso mucho más nerviosa de lo que debería, pero todo fue a peor cuando dijo de la nada y como si nada... — Sal conmigo esta noche. ¡Ja, lo sabía! Aquella mirada perpetua sobre mí, era de deseo. Aquel espécimen de hombre se sentía atraído por mí, y de no existir un matrimonio en mi vida, sería un perfecto candidato a cita nocturna conmigo. — Lo siento señor... — le hice un gesto con la mano para que me dijera su nombre, sintiendo el rubor extenderse por mis mejillas — Neil para tí, no me gustaría que usarás mi apellido si te confío mi nombre. No abrí la boca sorprendida por el descaro de aquel aparentemente serio hombre de negocios, porque sería una mala educación de mi parte, pero concluí diciéndo — Bien ,Neil... Estoy casada. — Es una pena — dijo, tamborileando en sus labios dos de sus dedos y abriendo una sonrisa — no necesariamente — respondí, cometiendo el error de levantarme nerviosa de mi silla — para mí lo es, y ahora viéndola de pie, más aún Samantha. No sé si fue el tono de su voz al mencionar mi nombre, o la presencia de mi marido detrás de él, que no podía verlo, pero me sentí molesta por el descaro con que me trataba desde que su madre se había ido. — Hola cariño. Aarón había entrado a mi oficina como el dueño de todo, y viendo con molestia hacia mi cliente que ni se molestó en levantarse a saludar, me tomó de la cintura posesivo y me besó los labios con una escasa falta de educación debido al público que teníamos. No contento con eso, me mordió el labio inferior, y yo, independientemente de la presencia de Neil, y de la conducta celópata de Aarón, me derretí inevitablemente en ese beso y no pude negarme a darlo justo como lo recibía, con mordida y pasión incluida. Un carraspeo nos separó, y el falso de mi marido, se limpió los labios con su dedo por el carmín que los míos le habían dejado. Lo chupó sin disimulo, apretando mi cintura mirando hacia mi cliente. — Mucho gusto — le ofreció la mano a Neil, inclinandonos a ambos para conseguir llegar hasta él, que le devolvió el saludo por cordialidad. — ¿Que haces aquí cariño? — le dije, usando el apelativo que habíamos impuesto para el público y los momentos de discuto entre ambos como era el caso. — Además de extrañar a mi esposa y venir a verla — dijo mirando a mi cliente que disimulaba mal una risa, entendiendo perfectamente las inseguridades de mi marido al mencionar con énfasis la palabra «esposa» — necesito que firmes unos documentos. Me ofreció una carpeta y excusándome con mi cliente, me dispuse a firmar. El tiempo que me tomó hacerlo, pude sentir como Aarón acariciaba mi espalda, parándose detrás de mí, observando el proceso de firma, no sin antes leer los autorizos de pago que me había traído. Nadie hablaba y era súper incómodo. Me apresuré en devolverle los papeles para que se largara. Por muy divino que fuera su cuerpo y su beso posesivo, no lo quería cerca de mí y no entendía que hacía allí, y menos haciendo el papel de machito celoso. Me disculpé con mi cliente como pude, y cada vez me hacía sentir más incómoda su actitud. — No te preocupes que si fueras mía haría lo mismo que hizo él — me quedé mirandolo sería, sopesando la posibilidad de pedirle que se marchara de mi negocio pero no serían más que dos encuentros más y mi venta estaría hecha, no debía echar a un cliente y me vendría bien el dinero. Decidí ignorar todo comentario atrevido por su parte y mantener la distancia para que entendiera que no me interesaba en absoluto. Quedamos en la próxima semana mostrarle el apartamento, pues tenía demasiado trabajo y no pudo hacer un hueco en otro momento, que coincidieran con mi disponibilidad. Mi negocio estaba arrancando y mientras Mony se ocupaba de la oficina, yo mostraba las casas q los clientes y hacia los ajustes de venta, hasta que pensara en contratar más personal. — Aquí tienes mi tarjeta — cuando noté que me tuteaba todo el tiempo, decidí permitirlo volviendo a mi pensamiento de wue solo serían dos encuentros más y me libraria del desenfado de este hombre — por si me necesitas alguna vez. Captando el doble sentido en sus palabras, viendo la sonrisa lobuna en sus labios y leyendo que se trataba de un abogado dueño de un bufete propio repondi... — Espero no tener que hacerlo. — Tal vez necesitas divorciarte algún día — negué escondiendo una sonrisa en la puerta de mi oficina y bajando la vista al suelo — con un marido posesivo como ese no me extrañaría que termines agobiada. Llámame cuando eso pase... O cuando quieras. — No va a pasar Neil, déjalo ya. Aquellas palabras las dije en la misma familiaridad en la que éle hablaba, para establecer una confianza que le hiciera entender que no estaba interesada y que necesitaba que dejara de jugar a la conquista conmigo porque no iba a funcionar. Pero eso, a un cliente no se lo podía decir, por eso lo traté de manera cercana para que la situación lo permitiera. Cuando se fue, dejando un beso en mi mejilla, nuevamente siendo descarado, me recosté contra la puerta, dejando escapar el aire de mis labios demasiado fuerte creando un suspiro gordo. El día había sido tan agotador, como estresante. A las nueve de la noche, frente al sitio donde había quedado con las chicas y esperando dentro del coche que Bianca me trajera ropa para cambiarme, me sentí feliz de haber aceptado aquella salida que me relajaría un poco las tensiones acumuladas y solo esperaba llegar a mi casa y que mi querido esposo estuviera dormido para no tener que verlo siquiera. — No puedo creer que pretendas que use esto — le reclamaba a Bia, levantando en alto el casi invisible vestido que me había traído — es una venganza tuya o algo, sabes que no me visto así. Mi ropa se había manchado por mi torpeza y ella había conseguido algo para mí, pero era imposible que usara algo como eso. — Joder Bianca, lo has hecho a propósito. — Deja de ser majadera pesada, te espero dentro. Me quedé mirando el vestido y resoplando vencida, antes de sacar el mío de mi cuerpo y disponerme a usar lo que me había conseguido. Era curioso que en la mañana Aarón hubiese tenido que ayudarme a subir la cremallera, cuando ahora bajaba de maravilla sin ayuda de nadie. Hasta mi ropa conspiraba en mi contra. Para cuando bajé del coche, el primero en verme fue Lorenzo que no supo disimular su asombro al mirarme tan descaradamente vestida. — Bianca Morrison. Fue todo lo que dije para mi chófer, que sabía perfectamente que jamás de los jamases usaría algo así por voluntad propia. El vestido era corto, rojo y de tela muy suelta. Lo que hacía que de mis hombros colgaran las mangas de forma relajada, pero en el medio de mi abdómen y espalda, no había nada quee cubriera la piel. Una cadenita viajaba de mi pecho derecho al izquierdo, manteniendo una parte de ambos cubierto, pero eni espalda nada más que mis hombros sostenían la tela que caía hasta frenar en la curva de mis nalgas, dejando que la piel vagara libre al viento y no pudiese usar sujetador. Era como ir más desnuda que si estuviera envuelta en una toalla saliendo del baño. — ¡Oh dios mío! — decía Fiorella acercándose a mí, recién llegando, con un vestido casi tan descarado como el mío. Pietro no estaría muy contento si la había visto salir — Aarón se muere cuando te vea. Nos dimos dos besos y ella me tomó de la mano y ni siquiera nos preguntaron en la puerta nada. Simplemente nos retiraron la cadena acolchada en gamusa roja y pasamos como si fuera nuestro club. — No tiene que verme Fiorella, cuando llegue estará dormido. Ella soltó una sonrisa que no me gustó mucho, pero tampoco le presté más atención de la que podía, cuando me tomó por la mano y me hundió, en aquel escandalosamente lujoso sitio. Un cartel que rezaba “ La crème de la crème ”, estaba al final del lugar, justo a todo lo largo de la barra del sitio. Dos pisos de lujosas paredes con espejos por dónde quiera y gente muy alegre llenaban el sitio. La pista estaba en el medio y de la zona de arriba, se podía ver gente por los balcones que daban a la pista a través de pasillos colgantes que daban unaire sofisticado al sitio. La música en extremo alta, y en una de las esquinas, pude ver lo único que no hubiese querido ver jamás en mi vida. Bianca y Caleb, mis primos... Besándose como cualquier pareja desenfrenada y enamorada. No daba crédito. No podía ser dios mío,¿ que problema había en mi familia con la tendencia al incesto? — Vamos para arriba nena, que tenemos mesa reservada — Fiorella ignorando lo que sucedía, me arrastraba entre la gente que nos abría muy poco paso para subir. Yo buscaba con la vista a mis primos, pero no sé si por el incontable número de personas que allí habían, o por su propia estrategia de evasión, el resultado era el mismo, no los veía. — Vamos Sammy, quiero que conozcas a unas personas — aquella frase me preocupó, y la frené en medio de una escalera por la que subíamos hacia la zona vip de la que había hablado antes, en la tarde cuando me llamó. — ¿No íbamos a ser nosotras tres solas? Me miró divertida y con aquellos ojos vivos que tenía, me dió un guiño negando con su cabeza de pelo suelto y tiró de mi nuevamente para llevarme delante de la única persona que no pensaba volver a ver tan pronto. — Hola hermanito — nada más decir esas palabras, él se levantó risueño y amplió todavía más la sonrisa cuando besando la mejilla de la italiana, me miró el espacio entre los pechos descaradamente — te presento a Samantha Morrison — mencionó ella, obligandome a fijar mi vista en aquellos ojos verdes libertinos — es la esposa de Aarón. Eso sí, no me lo esperaba. Saber que el hermano americano de mi amiga italiana era mi cliente de esta mañana, era demasiado para procesar en el ranking de las coincidencias, pero encima, que mi marido y él se conocieran y hubiesen fingido delante de mí no hacerlo, me parecía aparte de increíble, una completa falta de respeto. Pero como si eso fuera poco para complementar la noche, por detrás de mí apareció una rubia, ojos azules y pecho enorme, que se le colgó del brazo y besando rápidamente a Fiorella me dió una mirada medio asqueada antes de que mi amiga dijera... — Samantha ella es Lina, la esposa de mi hermano. Me faltaba poco para caer al suelo del insulto, del asombro y del mareo que todo aquello me estaba produciendo, impidiéndome ademas seré educada y contestar a algo de lo que decían. La mirada de Neil se oscureció y la de su esposa también, cuando fijaron sus claros ojos sobre algo más allá de mí. Ese algo, puso sus manos en el hueco desnudo de mi espalda y tomando mi barbilla con su mano entera, haciendo que descubriera de quién se trataba, me hundió la lengua hasta el final de mi boca que la recibió furiosa. — Hola cariño...
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