Una semana después de todo el suceso del intento de asesinato contra Aarón, aquel caos colectivo que había en ese justo instante en mi casa, había extrapolado hasta mi vida actual y sentimental con él, una semana después. El caos continuaba, pero multiplicado y sembrado en nuestra habitación, casa y matrimonio.
Habíamos pasado en solo siete días, a ser dos extraños a kilómetros de distancia metafórica y metros de distancia física.
De una noche entre abrazos, caricias, lenguas, sexos y muchos «prometo cuidarte con todo lo que tengo», pasamos casi instantáneamente al «hola» y «hasta luego».
Éramos como dos intrusos en la vida del otro, con un papel firmado de por medio, que además de obligarnos a vivir con la apariencia de un matrimonio joven y vivaz, nos devolvía al punto de partida en el que la abundante desconfianza nos hacía prácticamente odiarnos por simple desconocimiento de intenciones.
— Buenos días — mientras yo me maquillaba en bragas, medias, sujetador y ligueros mi ojo derecho frente al espejo del vestidor, mi marido, el completo desconocido en que se había vuelto a convertir, me daba el asquerosamente típico saludo cordial que le das hasta a un perrito que se cruza por tu camino en cualquier calle, pero no abrí joven esposa, lo que me obligaba a escupir un educado — Hola...
No sabía definir cuál de los dos era más frío. Si yo, que actuaba como si él no existiese más que para devolvernos los saludos, o él, que miraba mi cuerpo como si fuera un aplique en cualquier pared común de cualquier baño.
Su traje de tres piezas era tan oscuro como su actitud bizarra.
Caminé despreocupadamente hacia el perchero que tenía mi vestido rojo vino esperándome y pude sentir una desinteresada mirada sobre mi cuerpo, cuandoe incliné a pasarlo por mis piernas y contonear mi cuerpo para que subiera hasta ceñirse a mí.
Él se ajustaba la corbata frente al mismo espejo en el que antes me había maquillado y mientras, yo luchaba por subir el zipper que no quería colaborar en esa mañana con mi apremio por salir huyendo del agotador silencio.
Sus manos interrumpieron mis intentos y terminaron fácilmente el trabajo por mí, dejando un deseo cohibido entre mis piernas por su toque y mi reacción incontrolable a él.
— Esta noche vuelvo tarde.
— Ídem — solo eso contesté y para ambos fue más que suficiente.
Me encaramé en mis zapatos de tacón incómodo pero sexy y tomé mi cartera para salir hacia mi trabajo.
Pasando por la cocina, con un rápido buenos días al servicio, tomé una manzana y salí hacia mi coche.
Mientras me comía la fruta y Lorenzo conducía hasta mí negocio por las calles de California, yo dejaba que mi vista vagara sin rumbo por la ventanilla mientras mi mente analizaba sin deseo lo catastrófico que se había tornado todo después de aquel suceso.
Ahora tenía seguridad. Mi marido no soportaba ni mirarme a la cara pero me mantenía segura con dos coches y cuatro hombres obligados a protegerme. Mi familia no había vuelto a interactuar en la misma habitación desde entonces y mi primo Zack aún estaba en el hospital.
Supe por Bia, que al otro día de todo el suceso, Aarón había ido a verlo al hospital y habían firmado los dos, así como la tía Karla, acuerdos de confidencialidad con los sucesos. Ni Aarón diría nada sobre la compra de armamento ilegal, ni ellos podían denunciarlo por agresión y daños físicos.
Mis padres habían salido de viaje por la salud de mamá y yo así lo prefería. No había posibilidad alguna de que yo pudiera escapar pero si ellos podían, pues apoyaba la moción.
A Coleen no había vuelto a verlo. A pesar de que mi tia Salime seguía en la villa, ahora instalada en mi antigua casa, él estaba en París, dónde esperaba que continuara.
— Buen día guapa — me saludó alegre Mony mi asistente, en cuanto me vió entrar a la oficina.
— Regular más bien Mony.¿Que tenemos para hoy?
Habíamos decidido, sin nisiquiera hablarlo, que yo volvería a ocuparme de mi negocio para que Caleb, una vez a la semana me informara de la situación de las empresas y el resto de mi tiempo, era dedicado a mi propio crecimiento laboral - personal.
Aarón Stanley, ni siquiera sabía a qué se estaba dedicando en estos días.
— Un nuevo cliente — hablaba la chica de color violeta y ojos verdes que le daban a su metro sesenta y cuerpo discreto, una imagen alegre y juvenil a sus veinte años — viene con su madre sobre las once y quiere ver un buen apartamento para regalarlo a su hermano el día de la boda — colocó con fuerza un café expreso sobre mi mesa — bébelo todo que te hará mejor el día.
Encendí el ordenador y le dí un gracias gesticulado. Esa chica era un lingote de oro y ni ella misma lo sabía.
Todos los días atrás, se había estado encargando de mi negocio, y ni siquiera se notó mi ausencia.
Al final casi de aquella mañana, ya había autorizado siete ventas de apartamentos y dos alquileres por más de cinco años que me hacían muy, intrigadamente feliz.
Era raro ver como mi negocio despegaba a tan alta velocidad, después de el trabajo que nos costaba vender algo diario, pero igual era motivo de alegría.
El pitido de notificación de correo me sacó de mis pensamientos incrédulos y pesimistas, haciendo que mirara hacia mi ordenador.
Fiorella, la esposa de Pietro el amigo chef de Aarón, me escribía para que salieramos en noche de chicas a tomar y desmadrarnos por ahí , había discutido con su marido y no tenía amigas disponibles en la ciudad.
— ¿Salimos esta noche? — no dejé ni que Bianca hablara.
— Hola a tí también, que gusto me da saludarte después de días de indiferencia. Sí, estoy muy bien y sí, me apunto al puterío nocturno por los bares de la ciudad — toda la parrafada, parte irónica y parte divertida, salió de su boca a una velocidad y tono que me hizo separarme el auricular del oído.
— Lo siento, sé que he estado ausente pero tengo la cabeza hecha un lío — me disculpé sincera — entonces,¿Salimos con una amiga, solo chicas?
— Pero en autos separados que después tengo que cargar contigo — sonreí por la asociación de su repuesta a la última vez que salimos y le dije lo mismo.
Contesté a mi nueva amiga y me respondió enseguida, que me daría la ubicación de un súper club que estaba recién despegando y tenía pase VIP para las tres. No le dije nada a Mony, porque sabía que no le gustaba salir de noche, un día me diría el porqué.