El sonido de un disparo y el cuerpo de Aarón me impactaron al mismo tiempo.
Grité perdida en la confusión y todos pasaron de aplaudir, nunca pude saber por qué, a gritar asustados.
Miré hacia todos lados buscando el resultado de aquello, que no sé porqué había identificado como un disparo cuando nunca en mi vida había estado siquiera, cerca de un arma.
Con el miedo en el cuerpo y tratando de abstraerme del caos a mi alrededor, busqué con la mirada a mis padres desde el abrazo de mi marido.
Papá y mamá estaban en el suelo, abrazados y asustados supongo como yo, que temblaba junto a mi marido.
Cuando con miedo, bajé mis ojos hacia Aarón,que protegía mi cuerpo con el suyo encorvado delante de mí, conecté mi mirada a la suya y me asusté verdaderamente.
Él estaba bien. No tenía nada y viendo como unos cuantos guardias de seguridad corrían por nuestros alrededores buscando al tirador, Lorenzo y Steven otro de mis guardias, nos llevaban hacia adentro de la casa.
Mis padres fueron los primeros en entrar agachados y con nosotros detrás, entró de a poco toda la familia.
— ¡Nadie salga de la casa! — gritó Mauricio, el jefe de seguridad que había entrado a dar esa orden y cerraba las ventanas a tirones, junto con las cortinas que las corría por sus enganches a máxima velocidad.
— ¿Sammy? — aullaba mi madre.
— Estoy bien mamá, ¿Ustedes?.
— Bien cariño — respondía mi padre.
— Dime qué no te ha pasado nada — Aarón me exigía ronco de furia, llevándome hasta el inicio de la escalera central de la casa, sentándome en el primer escalón, lejos de todos.
— Estoy bien. Gracias por protegerme — agachado frente a mí, me tomó las mejillas y me besó profundo pero sin lengua ni nada s****l. Era un beso asustado y feliz, podría decirse, de que no tuviese ningún daño. Era intenso.
— Ha sido un francotirador porque lo ví antes de que disparara y estoy seguro Samantha, que era una advertencia — abrí mucho los ojos tomando sus manos entre las mías — un disparo así no se falla, estoy seguro que no querían matarme o lo habrían hecho, tenían la mira en mi pecho, nadie sobrevive a eso.
Sin poder evitarlo y como por actoreflejo, miré su pecho y pasé mis manos por su traje, abriendo su ropa buscando piel sana y encontrando un torso perfecto y entero que me hizo suspirar de alivio y dejar caer mi frente en el.
Miré a mi alrededor, y todos estaban dentro de la casa, menos Zack y , Cindy y Dustin. Tampoco estaban mis tíos Jack y Haylie.
Coleen miraba hacia nosotros pero no se acercaba ni soltaba la mano de su madre.
El tío Manu, miraba por encima del abrazo de su mujer... la tía Karla, hacia donde estaba mi tía Salime con Coleen.
— Tengo miedo Aarón — confesé aturdida.
— Hablaremos luego nena, pero ahora tengo que ir con los de seguridad, ¿Estarás bien sin mí?
No sé si era la emoción de su palabrita «nena», que tanto me había gustado, o si era puro estado de shock pero le dije — no mucho Aarón, no demores y por favor que no te pase nada.
El sonrió, tomó mis mejillas y acercándose más, poniendo una rodilla en el suelo y recibiendo mis manos que tiraron de su traje abierto hacia mí, me dió un beso esta vez con lengua, suspiros y una brillante sonrisa entre nuestras bocas que prometía mucho más.
— Quédense aquí hasta que sea seguro salir — dijo en voz alta y poderosa para todos y se giró a darme un último repaso y un guiño dulce.
— ¿Quién eres tú para darme órdenes? — rodé los ojos y cubrí mi rostro cuando escuché al combativo Coleen.
— Quién soy ya lo sabes— respondió altanero Aarón — mis órdenes te conviene aceptarlas, pero — continuó mi marido caminando hasta mi primo desafiantemente y alzando los hombros en señal de no me importas un carajo — si quieres salir y que te revienten la cabeza con una bala, créeme que no lloraré en tu funeral.
Dicho esto lo dejó con la palabra en la boca, a punto de ser dicha y mi padre tuvo que aguantarlo, para que no se enfrentara a Aarón que salía fuera, y desde donde estaba ya no podía ver nada de él cuando tiró la puerta.
— ¿Cómo puedes permitir que tú marido me trate así? ¿Te has vuelto estúpida en los poco días que llevas acostándote con él?
Aquellas palabras de Coleen, ya eran bastante redundantes y me tenían harta. Estaba obstinada de que me reclamara todo el maldito tiempo como si tuviera algún derecho.
Puse mis manos sobre el suelo, impulsé mi cuerpo hacia arriba y me erguí defensiva ante todos.
Pensaba aprevochar la oportunidad de decirles unas cuantas cosas a la familia entera, o al menos a la parte de la familia que estaba allí, todo a través del insufrible de Coleen que había pasado de ser mi adoración a ser mi pesadilla.
— Escucha bien Coleen porque no habrán otras oportunidades para hacerlo — me coloqué cerca del sitio donde él estaba de pie, de espaldas a una de las ventanas en arcos de cristales que diseñaban la sala majestuosa de la casa — yo soy la única dueña de mi vida, y puedo hacer lo que quiera con ella sobre todo, porque no le debo explicaciones a nadie.
Si mañana me caigo, ya buscaré la manera de volver a ponerme en pie yo solita — todos me miraban silenciados — estoy haciendo lo que estoy haciendo, porque los quiero y con sus defectos y algunas pocas virtudes, son mi familia y no me sentiría bien dejándolos en la calle pero si tienen reclamos, vayan a la urna de mi abuelo y cuestionen allí todo lo que quieran. Mi marido es como es y no lo escogí yo y sí — afirmé de una vez por todas para que no quedaran más dudas y no sé repitiera la misma pregunta nunca más — me gusta, me acuesto con él y sí, estamos juntos como pareja. ¿Que nos les guste ? ¿Qué les parece mal? ¿Que no lo aprueban o lo entienden? — abrí los brazos y los dejé caer nuevamente sonando contra mis caderas con las palmas abiertas y en señal de indiferencia — pues que pena que no me importe — todos abrieron los ojos ante mi nueva actitud de me tienen hasta las narices ya — estoy viviendo la vida que me ha tocado como mejor puedo y adaptándome a lo que tengo en el presente. Si ustedes no saben hacer lo mismo, es una lástima, pero no es mi problema. Dejen ya de intervenir en lo que hago y de creerse con el derecho a cuestionar mi vida que yo hasta hace unos días era soltera y ahora estoy casada, me acuesto con mi marido porque me da la gana y eso, ni es un pecado ni es asunto de nadie. Bastante bien van a vivir todos, sin hacer nada más que quejarse, mientras otros trabajamos para que eso suceda... Y tú Coleen — señalé hacia él que me miraba dolido — siempre has vivido lejos y jamás te has preocupado por nada de la familia, así que si tanto de disgustamos mi marido y yo, vuelve a París y no te sientas inquieto, que recibirás el mismo dinero de siempre... Pero déjame en paz de una puta vez y no busques más enfrentamientos con Aaron, que el tiene las de ganar.
Me giré aprovechado el silencio para irme a la cocina a coexistir conmigo misma y en un poco de paz, cuando se me quedó un detalle por mencionar, que quizá no era el momento pero estaba tan a full, que no pude esperarme para compartirlo.
— Ahh, y ya se me olvidaba decirles — seguía el silencio bañando el lugar — que Caleb será el único y nuevo CEO de todo el patrimonio, así que no es tan así que solo Aarón y yo estaremos al mando del maldito dinero — mi tía Karla se asombró ante la noticia de su hijo — solo espero que no traten de matarlo ahora, como hacen con Aaron.
Hasta ahí, hubo paz...
No sé porqué dije eso.
Fue como ese tipo de cosas que escapan de tu boca y no logras controlarlas y que luego las analizas y ni siquiera tienen sentido.
Pero fue también, la típica cosa que comienza sin tenerlo, y termina cobrando todo el sentido del mundo, con revelaciones encriptadas que con el tiempo te dicen lo acertado que estaba tu subconsciente.
Dejando escapar aquello de mi boca, fue casi instantáneamente cuando se abrió nuevamente la puerta de mi casa, chocando contra la pared detrás y rompiendo algunos cristales de la mirilla de cuerpo completo que formaba parte del diseño de la misma, y entró un Zack muy violento... Me dió una bofetada que me tiró hacia una pared y tuve que sostenerme para no caer al suelo. Mi madre dió un grito sordo y se desmayó, algo muy común en ella, así como mi padre que la sostenía en brazos, no pudo evitar que mi primo me volviera a agredir verbal y físicamente frente a la mirada de todos.
— ¿Quien demonios te crees para insultar a mi familia? — gritaba acercándose a mí y su padre trató de impedir que llegara hasta donde yo estaba, pero ni tan siquiera el mío logró que no me tomara por los brazos y me sarandeara, pues aún sostenía a mi desmayada madre — tú eres una mosquita muerta que se siente Dios por haber falsificado estoy seguro el testamento y que el maldito viejo te lo dejara todo a tí. Una zorra a la que Allan golpeaba amarrada y a tí te encantaba como la perra que eres. Y ahora, porque tienes a un troglodita chupandote el coño te sientes poderosa y pisoteas a la familia. Tú deberías haber muerto aquella noche y no el viejo que nos dejó en la calle.
Estaba tan aturdida y asustada por las cosas que mal sabía sobre mi relación con Allan, todo lo que había gritado para cualquiera que pudiera escucharlo y ver lo violento que se había vuelto y lo mucho que deseaba mi muerte, que incluso ignoré el dolor en mis brazos por su agarre y me concentré en su nariz que se abría y se cerraba con furia, como un toro embravecido, en sus ojos inyectados en sangre y odio, en sus dientes apretando su mandíbula y en las personas a nuestro alrededor que no hacían nada, solo mirar asombrados, hasta que la única que últimamente me defendía, me liberó de las garras de mi primo y caí al suelo.
Ahora el toro embravecido era Aarón.
No podía parar de mirar como le daba puñetasos a mi primo en el suelo. Con una rodilla sobre su pecho y una mano aguantándolo por el cuello, le seguía pegando con la otra y nadie llegaba a encontrar un espacio por el que separarlos.
Mi primo, como el cobarde que era, no se defendía y Aarón no tenía final. Había prometido matarlo si volvía a lastimarme y me daba miedo que lo consiguiera pero mi estado impávido no me dejaba reaccionar.
Golpes, golpes y más golpes se acumulaban en el rostro de Zack hasta que mi padre por fin dejó a mi mamá en el suelo, y pudo acostarse casi sobre mi marido e impedir que siguiera golpeando a un inconsciente Zack.
Entre Dustin que llegó corriendo no sé de dónde, y mi tío Jack que también entraba con Steven el de seguridad , sacaron con mi padre a Aarón de encima de mi primo, que yacía sin conciencia en el suelo.
— ¿Que le has hecho a mi hijo? — lloraba mi tía — voy a denunciarte y te meteré a la cárcel maldito cerdo agresivo.
Aarón se soltó de mala manera de los demás y vino corriendo hasta mí, que estaba en el suelo llorando bajito. Solo lágrimas corrían sin control por mis mejillas.
Mi tía gritaba sobre el cuerpo de su hijo, mientras alguien llamaba a una ambulancia.
Mi madre no despertaba y yo que ya sabía cómo era su enfermedad, esperaba que cuando el estrés pasara ella solita lo hiciera y mientras, solo podía aferrarme a la camisa ensangrentada de Aarón con mis manos.
— Denúncialo tía — gritaba Coleen que el muy cínico no había hecho nada para impedir todo lo que pasaba y sin embargo, allí estaba pidiendo más guerra — que lo metan a la cárcel por violento.
Mi tío Manu, ayudaba callado a sacar a su hijo en camillas mientras un médico que llegó a la velocidad de la luz, atendía a mi madre bajo el sonido molesto de las sirenas de dos ambulancias que ahora que habían abierto la puerta pude ver.
Aarón nos levantó a los dos del suelo y dejándome protegida por su cuerpo, le dijo a mi tía, con tono calmado y poderoso...
— ¿Llamas tú a la policía o llamo yo?
Estaba muys asustada y no lograba reaccionar.
Sangre por el suelo. Gritos por doquier. La mirada asesina y maquiavélica que nos dedicaba Coleen y el resto de la familia tratando de hacerse útil en lo que podía, cada cual con su apreciación indistintamente de los sucesos.
Bianca, entraba entre los paramédicos y se perdía con su vista por todo el lugar, mirando cada pedasito caótico que encontraba sin lograr ubicar bien lo que sea que pudiese haber pasado. Y viendo como mi madre empezaba a reaccionar y era cargada hacia un sofá, vino hasta mí y me abrazó mi prima incrédula aún de lo que ella misma veía y con cara de« ¿Que demonios pasa aqui».
Me separé de la ropa de Aarón, y el se giró a mirarme, me tomó de la mano y besando mi palma abierta por el y temblorosa entre sus manos sonrió sardónico.
— ¡Puedes estar seguro que la llamo yo! — le gritó mi tía insultada y marcando el nueve once en el táctil de su móvil.
Algo que luego entendí perfectamente se dibujaba en el rostro de Aarón. Él tiró de mí, separando mi cuerpo del de Bianca y poníendome delante de él, apoyó su barbilla en mi pelo, y besó mi cuello rodeando mi cintura para decir...
— No dejes de decirle que cuando tú hijo se despierte en el hospital de mi golpiza, lo esposen y condenen por intento de homicidio contra mi persona y portación ilegal de armamento de alto alcance.
Mi tía levantó la vista hacia mi marido. Yo me quedé medio muerta entre sus brazos y más de uno, sobre todo el imbécil de Coleen abrió la boca con estupefacción hacia Aarón, que sin poder esconder su satisfacción mencionó...
— ¿Sorprendida o necesitas que te muestre el comprobante de compra con tu propia tarjeta? — más silencio se hizo y ya ni las sirenas parecían sonar a nuestro alrededor — ¡O será que fuiste tú misma quien lo compró!... Creo que mejor llamo yo, a poner una denuncia doble Karla, han intentado matar a la persona equivocada...