Capítulo 6

2829 Palabras
— ¿Cómo puedes decir que toda tu familia es sospechosa Caleb? — me incliné hacia adelante poniendo los codos en mis rodillas y crubriendo mi rostro con mis manos — no puedo creer que de veras lo pienses — volví a mirarlo y se había recostado en su silla reclinable, haciendo gestos de obviedad. — No soy como tú primita — dijo sin rencor pero con desdén — eres de confiar en todos y yo soy todo lo contrario. Confío en mí y en la confianza que veo en la gente que trato. En la familia desconfío hasta de mis padres — reconoció sin miramientos — todos se pisan las colas con tal de obtener riquezas. Cualquiera podría haber tomado ese dinero y de no hacerlo, podía ser cualquiera también quien esté ahora mismo maldiciendo tu estampa por heredar una fortuna que ni siquiera ambicionas. Esa frase hizo que mi recién estrenado marido lo mirara a los ojos con seriedad absoluta. — ¿Por qué hay tanta complicidad entre ustedes? — le cuestioné a Aarón que no dejaba de mirar mi boca y ponía nerviosa. — Somos cómplices muñeca — respondió divertido. Era tan exasperante que girara todo a su antojo que me ponía de los nervios. — Mira Sammy — llamó mi atención mi primo y se levantó caminando hacia a mí — no intentes averiguar cosas que no son vitales para el futuro de todos — se agachó delante de mí y colocó sus manos en mis piernas mientras hablaba serio y cerca de mí — piensa que todo lo que estamos haciendo es por el bien común de los Morrison y que así lo dispuso el abuelo que era el dueño absoluto de su fortuna. O sea que por algo sería y piensa también — Aarón se separó por fin de la pantalla de su móvil y detuvo su mirada en las manos de mi primo sobre mí — que alguien mató al abuelo dentro de nuestra propia casa y que probablemente siga allí como si nada, así que esa es razón suficiente para que no confíe en nadie más que en las personas en las que siempre he confiado y de las que nunca desconfiaría. — Muy bonito tu discurso pero no le toques las piernas a mi esposa por favor te lo pido — dijo mi marido y apartó a Caleb de mí. El se rió y yo rodé mis ojos, dejando que mi cuerpo cayera sobre el respaldo del sofá. En ese justo momento mi teléfono sonó y ví la cara de Calum en mi pantalla. — ¿Que quieres? — respondió Aarón por mí, pues mi móvil estaba en la mesa delante de los dos y el muy atrevido no dudó en apoderarse de mí llamada, fui a por él y no me dejó tomarlo — tendrá que ser mañana — contestó serio y empujando mi cuerpo para no darme mi teléfono — mi mujer y yo tenemos planes y aún estamos de luna de miel. No volvemos a la casa hasta la otra semana. Colgó la llamada porque sí, porque le dió su reverenda gana y me cuadré en el sitio molesta. —¿ Por qué haces siempre lo que te parece con mi vida? Eso es denunciable joder — grité histérica. — Pues denúnciame — dijo calmado regresandome mi móvil. Miré el teléfono y estaba apagado. El muy atrevido lo había manejado a su antojo. — ¡Argg! — gruñía furiosa — no te aguanto Aarón. Me vas a provocar un infarto fulminante con todo el estrés que me provocas. No manipules mis cosas hostia. — Tranquila muñeca que yo mismo te reanimo si te infartas. Me encanta estar dentro de tu boca. — Joder que asco tío, que es mi prima. No seas tan trágico por dios — se quejaba Caleb desde su posición en la silla. — Necesitas respetarme Aarón o no va a funcionar este matrimonio. No puedes decidir con quién hablo y con quién no lo hago. Es mi vida y yo ni siquiera sé nada de la tuya — me detuve frente a él y bajé el tono de mi voz porque de verdad pensaba cada palabra que decía. — No quiero que ese hombre te persiga. No me gusta que deseen lo que es mío. Abrí muchísimo los ojos, sin poder creerme que se atreviera a decir algo así delante de Caleb. — Tienes que dejar de suponer que mi primo me desea. ¿También piensas lo mismo de Caleb? — ¡Eww!... No por dios que asco me da lo que dicen. Por favor que eres mi prima, pero mi hermano tiene razón... Coleen está enamorado de tí Sammy — confirmó mi primo y me giré hacia él — no puedes hablar en serio — dije casi insultada. — Puedo asegurarte que es así y te aconsejo que te alejes de él. La mitad de la vida de Coleen no la conoces y te sorprenderías mucho si lo haces. Nunca pensé que alguien de mi propia familia supiera cosas de ese calibre y se las callara. Pero supongo que Caleb nunca fue de ir por ahí contando chismes ni de participar más de lo obligatorio en momentos familiares como para tener ocasión de hablar de temas como el que se estaba llevando a cabo aquí. — Tú ahora eres mi mujer — volvía Aarón a tener toda mi atención — lo que te pase a tí, repercute en mí y por otro lado no pienso dejar que un idiota como ese me la juegue — caminó hasta mí y me tomó una mano — aunque no me creas y no pueda contarte mucho, estoy tratando de mantenerte a salvo y de creer en tí. No sé porqué sus palabras me silenciaron. Había algo en sus ojos que me dió un poco de confianza y también pude ver una lucha interna que no sabía por qué libraba. Todo lo que me estaba sucediendo era tan extraño que a veces sentía que estaba dormida y un día despertaría volviendo a tener la vida que tenía la semana pasada. Dónde mi abuelo vivía, mis proyectos estaban en pleno apojeo y era soltera y libre de este hombre posesivo que me confundía tanto, que a veces no sabía si lo hacía por mostrarse como el macho imbécil que era, o porque de verdad se sentía posesivo conmigo como su esposa. — Mañana tendremos una junta directiva y le informaremos a toda la familia de lo que sigue a partir de ahora — decía Aarón hablando con Caleb sin soltar mi mano y sin que pudiera dejar de mirarlo — lo demás será un secreto entre los tres y voy a confiar en que tú estés a la altura de lo que vamos a hacer — terminó diciendo para mí. — Siento mucho Sammy todo lo que te está pasando y aunque no lo creas te quiero mucho, pero siempre te pones de el lado de Salime y Coleen y no sabes lo equivocada que estás. Pero igual te quiero. Vino hasta mí y me abrazó delicadamente. Mientras le devolvía el abrazo pensaba en las múltiples veces en las que discutíamos por el tema de los celos de su madre, por su hermana y su marido. Ciertamente que mi tía Salime tuviera supuestamente historia amorosa con el tío Manu, era algo que debía afectar a mi tía Karla pues eran hermanas y por consiguiente a Caleb. Si Aarón, que no me amaba, se ponía así de molesto cuando Coleen se me acercaba, ahora me parecía más lógica l reacción de mi tía Karla cuando su marido y su hermana, hacían lo mismo. Y el hecho de que yo, apoyara un poco más a Salime, era razón más que suficiente para que ella me repudiara un poco. Salimos de allí, bajo la atenta mirada de la secretaria que echaba chispas por los ojos. No sé si eran puros celos, o insana envidia o quizá fuera remordimiento por lo que había pasado en el lobby de la empresa un rato antes. Yo por las dudas dejé el café a medias y aún me preguntaba porqué había dicho que Aarón era cuñado de Caleb. Pero bueno, había cosas más importantes que hacer. — Quiero que enterremos el hacha de guerra por un rato y me dejes llevarte a un sitio que sé que te gustará — dijo mi marido nada más darle al botón del ascensor para bajar. — Para que ese plural se haga efectivo tienes que colaborar tu también — le dije encendiendo mi móvil y decidiendo ignorar los mensajes que me había dejado Coleen. — Lo prometo — dijo tranquilamente. En el siguiente piso, una avalancha de estudiantes de derecho se subieron al ascensor y Aaron tiró de mi cintura, poniéndome delante de su cuerpo y pegándome a él. A veces su posesividad era abrumadora. Y otras galante. — Debería darles propina a cada uno por el momento que me están regalando ahora mismo — dijo en mi oído y le dí un codazo moderado. — Eres tan idiota a veces — le dije sonriendo. — Un idiota al que le encantas — susurró en mi oído y mordió la piel de la parte de abajo del mismo. Sus manos se cruzaron delante de mi cintura y parecía que él ascensor estaba parado en el lugar. Sentía que no llegábamos nunca y la cercanía con Aaron, mientras todos hablaban sin descanso me ponía nerviosa y ardiente. El acariciaba mi vientre cada vez que podía y como se subieron todavía dos personas más, me pegó más a él, bajando una mano al hueso delantero de mi cadera y me excitó demasiado ese roce. — Me vuelvo loco de pensar a qué sabes y cómo de húmeda estás en este momento — mencionó bajito en mi oído y me besó detrás de la oreja. Sabía seducir ese hombre y yo sabía caer. Sus palabras eran las perfectas para creermelo todo y sus manos eran un pase al pecado. Quería girarme y besarlo. Dejar que su lengua rompiera contra la mía y que sus manos manejaran mi cuerpo hasta que el placer nos quemara hasta las pieles, pero sabía que el tenía un rumbo oculto por mi vida y mientras no decidiera confiar en él con mi mente, no lo haría con mi cuerpo. — Te llevaré a un lugar que sé que amas y que te hará estar con alguien que aprecias. Eso fue lo último que dijo cuando bajamos del ascensor y salimos de la mano hacia el coche. Varias personas se despidieron de nosotros y nos abrió la puerta el portero, llamando al ballet parking para pedir nuestro auto. Aarón me abrió la puerta y subí presta. Crucé mis piernas y coloqué mi cinturón de seguridad mientras el hacía lo mismo perdido en la posición de mi cuerpo. Sentía que tenía una fijación con ellas y por eso a veces, solo para castigarlo, las cruzaba y descruzaba con frecuencia frente a él, para sentirme sexy, deseada y poderosa bajo su mirada calurosa. Verlo conducir era tan sensual, que no podía dejar de hacerlo. Sabía que lo miraba porque se mordía una esquina de la boca, controlando unas risas que no llegaban a salirse de sus labios. Aún nos quedaban algunas visitas programadas pero por el destino que iba cogiendo, y habiendo prescindido del chófer, supuse que no iríamos a seguir el plan de trabajo por el momento. Puse algo de música y así llenamos el silencio no del todo incómodo pero sí presente, del auto. Una media hora después, lo ví tomar un autopista que sabía perfectamente a dónde me estaba llevando y que era un sitio al que solo mi abuelo y yo íbamos. — ¿Será que estamos yendo a dónde creo? — pregunté enderezandome en el auto. Veía pasar los árboles de pino por los lados de la estrecha calle y me sentía nerviosa de las sensaciones que volvían a mí. — No estropees el momento con preguntas. Él era tan cambiante que me incomodaba pero decidí no tomar eso en cuenta por la dirección hacia la que íbamos. Llegamos a la casa que sabía que íbamos. Aquel camino estaba grabado en mi mente desde siempre y para siempre. Detuvo el coche a la orilla del camino y controlando la nostalgia y las lágrimas que ya querían salir de recordar todo lo que había vivido en aquella casa con mi abuelo, quité mi cinturón y bajé del coche. Él dió la vuelta callado y me tomó de la mano, encaminandonos hacia la casa. Subí los escalones asustada de las sensaciones que se agolpaban en mi interior. Cuando Aarón abrió la puerta principal, sin que dejara de notar que no tenía seguro y me diera el paso, me perdí en lo recuerdos. Cada vez que me sentía triste, por lo hueca que era la vida que a veces llevábamos en la villa, mi abuelo me traía a este sitio, que había comprado solo para él y del que nadie tenía idea. Caminaba tocando los muebles perfectamente limpios, cosa que me sorprendió, y recordaba todas las veces que él abuelo me dijo que siguiera mi instinto en cada cosa que hiciera. Todas las veces que se molestó conmigo por dejar que las emociones me controlaran y tomara partido entre mis tías y la situación que a veces se vivía en casa. Aarón solo me seguía, viendo como yo sonreía tocando el piano en el que mi abuelo tantas veces me hizo reír fingiendo que estaba desafinado. Salí hasta la parte trasera y me quedé embobada, mirando al lago, que había allí y que se escondía debajo de la casa. Era una construcción preciosa y daba mucha paz, sentir los movimientos del lado rompiendo debajo de la casa, lo poco que se animaba allí. — ¿Estás segura de que no sabes quién mató a tu abuelo? Aquella pregunta me encaró. Me giré con demasiado coraje acumulado a alta velocidad en mía nervios. — No sé cómo eres capaz de pensar algo así, pero todavía peor, es pensar en cómo he podido creer que tú, que no me soportas para nada más que intentar meterte entre mis muslos podías hacer algo bonito por mí — me recosté en la baranda y negué triste por todo lo que me sucedía. — No me entiendas mal Samantha — trataba de arreglarlo pero no lo creía posible — yo solo quiero entender que pasó con tu abuelo. — ¿Y yo no quiero Aarón?, ¿Eso es lo que estás insinuando?,¿ Que tú qué no lo conocías lo extrañas más que yo y querés saber quién lo lastimó mientras yo solo quiero disfrutar de su fortuna al lado del cabrón que me encontró como marido? Terminé gritando para él y empujándolo cuando trataba de acercarse a mí. — No lo he planteado bien Samantha, lo siento — me tomó de las manos y logró abrazarme un poco. — No hay manera de plantear bien una pregunta como esa Aarón — me salí de entre sus brazos y me giré hacia el lago — pero lo triste es que hayas pensado siquiera en hacerla dando por hecho, que yo, puedo saber algo así o quizás pienses que yo lo mate. Ni siquiera pude dejar que terminara de explicar lo inexplicable, pues en el momento que me giré hasta él, ví una sombra en el piso de arriba, a través de un cristal y podía jurar que se había agachado para esconderse de mi mirada, quien quiera que hubiese estado allí metido. — Tienes que entender que no nos conocemos y son preguntas que me rondan la mente — decía él, disimulando. Yo le había hecho una seña para decirle que arriba había alguien y él, aprovechaba el momento para decir cosas que sabía que no le discutiría porque mi atención estaba en otra parte, mientras se encaminaba hacia adentro para ir a averiguar quién estaba arriba. — Fuiste tú mismo quien dijo que no hiciéramos preguntas para no arruinar el momento y de todos modos hay preguntas que sobran y no se hacen Aarón. Tienes que confiar en en mí o al menos darte el tiempo de conocerme. Yo me había quedado sola, pues el había entrado con cuidado de no hace ruido, y subía las escaleras, haciendo un gran esfuerzo en no hacerse notar, pues su cuerpo enorme y fuerte era difícil de controlar en una casa de piso de madera. Sentí unos golpes en el piso de arriba y supe que había encontrado a alguien allí. Subí corriendo detrás de él, y tomé el azadón de la chimenea por si tenía que defenderme o defenderlo. Pero lo que encontré arriba, no tenía defensa. Al menos no una defensa física... Y no sabía cuál podía ser la defensa verbal del personaje que estaba allí, dándose golpes con mi marido.
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