Tan pronto como habían comenzado, sus planes ya se habían arruinado. León no podía comprender nada de lo que su largo primer día de trabajo había sido.
¿En que idiotez se había metido?
Ahora ¿qué iba a hacer? Su objetivo era el CEO no su hijo. ¿Como conseguiría acercársele y hacerlo pagar?
—Sr. Jonás— la ama de llaves lo llamó —¿Esta escuchándome?
León volteó a ver a la mujer beta que se encontraba parda frente a él —Lo siento, me perdí en mis pensamientos ¿Puede repetir lo que dijo?
—Si, le decía que los horarios en esta casa son muy estrictos, tiene que levantarse a las siete en punto ya que a esa hora se sirve el desayuno. Y el horario de dormir es a las diez de la noche, usted decide si se acuesta más temprano, pero no puede merodear por la casa después del horario de dormir...
Ambos caminaban por el pasillo para poder llegar a los dormitorios de la certidumbre, aunque la casa era enorme no era igual a la casa de sus padres, esta casa tenia un Aura diferente y no le gustaba al alfa.
—Señora— León llamó a la mujer la cual dejó de hablar y lo miró —¿Hay una señora Black en esta casa?— preguntó el chico intrigado.
—No— la mujer negó con la cabeza —Ella murió durante el parto y el señor Black no volvió a casarse.
Continuaron caminando hasta llegar a la nueva habitación de León —¿Aquí dormiré?— preguntó y la mujer asintió —Entonces que tenga buenas noches— abrió la puerta y entró rápidamente.
Tecleo un mensaje para el secretario pidiendo que recogiera su auto y lo llevara a su casa. También explicó la situación y que a partir de ahora no volvería su casa en un largo tiempo.
Dio un suspiro y se aventó a la cama —¿Que voy a hacer?— susurro y se acomodó bajo las cobijas.
Su venganza aún seguía en pie y tenía que llegar al CEO a como diera lugar.
Era demasiado tarde para pensar en ello así que decidió dormir y dejar que el destino se encargara de acercarlos.
(...)
A la mañana siguiente la ama de llaves tocó la puerta de la habitación a la hora que había indicado la noche anterior. Eran las siete de la mañana, si León se levantaba a esa hora sería un milagro.
León gruñó, no era la hora habitual para que él se levantara. Las siete de la mañana era de madrugada para él. Por lo general siempre se levantaba al medio día o incluso más tarde, su vida de hombre soltero y desempleado así lo mandaba.
León siempre vivió del dinero de sus padres, si quería algo solo lo pedía y lo obtenía, jamás se esforzó por conseguirlo y si terminó una carrera universitaria que claramente no le gustaba fue porque su padre lo presionó.
Aunque le costó trabajo se puso de pie. Fue a la puerta y la abrió. La mujer le entregó su cambio de ropa y se alistó para poder ir a su trabajo.
Cuando termino de alistarse se dirigió al lugar que la mujer le había indicado, la certidumbre tenía que comer aparte de la familia Black, esas eran las reglas y las reglas en esa casa eran la base de la armonía.
Después de haber terminado de desayunar salió de la casa y espero a que Benjamín saliera para ir al trabajo.
Al salir de casa Benjamín fue directo al auto, en donde el chofer abrió la puerta y el omega entró. Después Leon y el chofer entraron y, así, se fueron hacia la oficina.
Una vez estando ahí los dos bajaron del auto y se fueron al piso donde quedaba su oficina. Ambos guardaron silencio, Benjamín era de ese tipo de personas que jamás entablaba una conversación con nadie. En cambio, León era un hombre muy parlanchín, siempre hablaba con todo mundo y todo mundo hablaba con él, pero esta vez era diferente. No sabía cómo iniciar una conversación con él, estaba un poco nervioso y las palabras no le salían, a parte ¿Qué cosa preguntaría?
Al llegar a la oficina la secretaria ya se encontraba sentada en su lugar, en cuanto vio a Benjamín y a Leon entrar se puso de pie y lo saludo apropiadamente.
—Buen día, Sr. Black— dijo mirándolo. —Buen día Sr. Smith— saludó, ahora, a León.
Ambos hombres saludaron a la omega y Benjamín entró a su oficina, Leon se quedó en el lugar que Olivia le había asignado el día anterior.
(…)
Así como el día comenzó, terminó y entonces el trabajo en la oficina también. León y Benjamín regresaron a casa a descansar.
Tan pronto había pasado un mes en su nuevo trabajo, pero su plan no había funcionado a la perfección. ¿Cómo iba a acercarse al padre de Benjamín si ambos eran distantes?
Entonces su nuevo plan comenzó a dar frutos. León sabía que el padre de Benjamín amaba a su hijo como a él mismo, entonces ¿Por qué no conquistar al omega y luego destruirlo? Eso devastaría a su padre y entonces sentiría el mismo dolor que él cuando sus padres murieron.
Un plan perfecto, con un solo detalle y es que Benjamín era una roca, dura e incapaz de penetrar. Llegar a sus sentimientos sería difícil, pero los retos eran algo que Leon amaba.
El primer día no pudo entablar conversación, el segundo día… tampoco, el tercer día solo escuchó un “bien” que apenas si era escuchable. El cuarto día logró sacarle una sonrisa ya que el chiste que le había contado había funcionado. El quinto y el sexto día no hubo respuesta de parte de Benjamín, pero el octavo sí y el noveno también.
Poco a poco se acercaba a su propósito y León estaba seguro de que lograría destruir al CEO.
Solo debía fingir sentimientos por Benjamín y conquistarlo, tenerlo a sus pies y después destruirlo. Si Benjamín estaba devastado su padre también y eso era lo mejor.