CAPÍTULO 7

1059 Palabras
Eran pasadas las dos de la mañana. El jefe de León aún estaba en el bar, bebiendo por el odio de su padre hacia los omegas como él. —Bebe uno más— dijo Benjamín a León mientras le acercaba el vaso de alcohol. —No— León se negó —Ya es suficiente— apartó el vaso de él. —No es justo Sr. Smith— alego —Usted ha bebido menos que yo y eso es una completa injusticia. —Usted fue el que propuso venir a beber Sr. Black— León rodó los ojos. Estaba demasiado cansado como para seguir soportando las infantilices de su jefe. —Pero aseguraste que beberías tanto como yo— volvió a alegar —Usted es un mentiroso Sr. Smith. —Suficiente— León se puso de pie y cargó a Benjamín como un costal de papas —me está colmando la paciencia, Sr. Black— comenzó a caminar sin importarle que las demás personas lo miraran. —Bájeme, aún quiero beber— Benjamín comenzó a forcejear. —No lo haré— León se negó. Leon continuó cargando a Benjamín hasta llegar al lugar en donde estaba el auto estacionado. —Ni siquiera bebí lo suficiente— alego una vez estando dentro del auto. León lo ayudó a abrocharse el cinturón de seguridad y después él se abrochó para seguido comenzar a conducir. —¿Qué dirá su padre si no lo cuido? —Por favor Sr. Smith. A mi padre solo le importo porque finjo ser un alfa, sino fuera así él ya me abría matado o echado de su casa. —¿Aún le importa lo que su padre piense? —No es tan fácil hablar con él— Benjamín susurró y luego se acomodó para poder dormir. Las intensas feromonas de Benjamín comenzaron a salir y penetrarse en todo el auto. León las olió y su instinto comenzó a salir, no quería hacer una tontería así que lo único que pensó fue en frenar el auto y bajar de ahí. Tomó su celular y llamó al secretario, ese que tenía que estar las 24 horas del día a disposición de su jefe. La llamada no fue contestada, León intentó una y varias veces para que el hombre contestara, pero en ninguna de las llamadas contesto. —Vamos. Toma la maldita llamada— susurró mientras intentaba una vez más. Era el día libre del beta, su teléfono celular estaba en vibrador, así nadie le interrumpía su dulce sueño. —Maldición— volvió a susurrar. ¿Qué haría? El hombre dentro del auto había tenido un celo repentino, o tal vez no tan repentino. La única opción que tenía era entrar de nuevo al auto y llevarlo a un lugar seguro lo antes posible. Las feromonas del omega empezaban a dispersarse por el lugar y era peligroso seguir ahí. Tapó su nariz, aunque eso no le serviría de mucha ayuda, las feromonas de Benjamín eran diferentes a las del resto de omegas. Entró al auto y trató de soportar el intenso aroma a lavanda que penetraba todo el lugar. Condujo lo más rápido como le fue posible y entró al primer hotel que vio. Rápidamente bajo del auto y fue del otro lado para ayudar a Benjamín a bajar. Rápidamente abrió la puerta y cargó a Benjamín, envolvió las feromonas del omega con las suyas, para no alterar a los alfas que se encontraran al rededor. Llegó hasta la recepción y pidió una habitación. Rápidamente se la dieron y León llevó a Benjamín hasta ahí. Una vez estando dentro de la habitación León llevó a Benjamín hasta la cama, debía dejarlo descansar y conseguir un supresor lo antes posible. León lo tenía claro, desde un inicio planeó hacer eso, pero el celo de un omega nubla los sentidos de un alfa. Benjamín se aferró fuertemente a León, mismo que trató de liberarse. El aroma del alfa mega comenzaba a desconcertarlo y no quería perder el control sobre sí mismo. Cuando logró liberarse trató de irse, pero Benjamín lo detuvo —No te vayas, te lo pido— con las pocas fuerzas lo detuvo. —Ayúdame— pidió. Los sentidos de León dejaron de responderle. El impulso de las feromonas lo hicieron cometer el acto. Retrocedió y se giró, después se colocó sobre él omega y comenzó a besarlo en la boca. Su instinto lo volvió loco. Comenzó a sacarse la ropa, después ayudó a Benjamín a sacarse la suya. León sabía que después se arrepentiría de eso, pero se dejó llevar por el olor tranquilizante y único del omega. Los besos se intensificaron, el alfa bajaba poco a poco, besando cada parte del cuerpo del omega. Tal vez eso lograría saciarlo, León no pretendía parar más allá de ese punto, pero pronto las fermonas omega lo excitaron hasta tal punto de hacerlo entrar en su propio celo. ¿Cómo era eso posible? ¿Qué era exactamente ese omega? El hacerlo reaccionar de tal modo que se olvidara de todo. El chico que fue catalogado como un beta por no poder entrar en celo, un alfa incapaz de reaccionar. Había por fin reaccionado y entrado en celo al mismo tiempo. Era el destino que los unía. Las fuerzas místicas los habían puesto en el camino del otro para saciarse mutuamente. Las feromonas del alfa comenzaron a salir rápidamente, mezclándose con las del omega. El m*****o erecto de León penetro a Benjamín. Al principio embistió despacio, pero poco a poco las embestidas eran más rápidas. El celo de Benjamín era saciado, tanto con las feromonas del alfa como el placer que sentía. Los gemidos que salían de sus labios decían que estaba disfrutando el momento. Ambos terminaron cansados y saciados. Ambos durmieron profundamente, uno al lado del otro. A la mañana siguiente, mejor dicho, a la tarde siguiente el primero en despertar fue León. Ya que la noche anterior había tenido su celo no recordaba nada de lo ocurrido. Un alfa olvida todo lo qué pasa en su noche de celo. Miró su cuerpo desnudó y luego miró al lado suyo, ahí se encontraba el guapo jefe del alfa. Durmiendo cómodamente y al igual que el también estaba desnudó. León sonrió al verlo así, él omega era demasiado lindo y aunque aún lo negara sabía que comenzaba a sentir atracción por él.
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