—¿León Johnson?— cuestionó el Omega.
El alfa se encontraba de espaldas, revisando las últimas decoraciones del evento que se celebraría en la empresa —¿Si?— se giró.
El el momento que vio a la persona que lo buscaba volvió a girarse y, esta vez, comenzó a caminar —¿Así me recibes después de seis años?— preguntó el Omega, caminando detrás del Alfa.
—Lo siento, estoy un poco atareado— apresuró su paso —Como verá hay un evento importante el día de hoy.
Benjamin lo alcanzo y lo tomo del brazo para frenarlo —¿Puedes simplemente dejar de huir?
León se detuvo —No puedo mirarte a la cara. Sabes que te mentí y me siento detestable por eso.
—Está bien— Benjamin rodeó al hombre para quedar frente a él —Creo entender por que lo hiciste.
—Pero no deberías estar aquí.
—Solo quiero escuchar tus motivos desde ti, no de un tonto video.
—No hay nada que yo deba decir. Solo vete, por favor.
—No lo haré— hablo el Omega y tocó el brazo de León —No vine hasta aquí para que tú me evites y te vallas. Vine aquí porque quiero que mi hija conozca a su padre.
León se detuvo y miró a Benjamín—Se que no podré solamente ver a mi hija. Si decides que ella te conozca se que intentaré tenerte— contuvo sus ganas de abalanzarse hacia él y abrazarlo. —Es algo que detestaría hacer— volvió a girarse —Si quieres que ella me conozca muéstrale una fotografía mía y cuéntale lo que te hice, eso me hará sentir menos patético— dicho eso comenzó a caminar.
Benjamín se apresuró y lo tomó de la mano, después lo jaló y lo llevó así hasta salir —Ven conmigo.
—Pero ¿Qué haces?
—Te llevó a conocer a tu hija.
—¿Ella está aquí?
—Si— Benjamín soltó la mano de León y siguió caminando.
—Espera un segundo— León detuvo a Benjamín. —Tenía miedo de afrontar esta situación, sabía que pronto sucedería, pero no pensé que tu vendrías, así que— El alfa se arrodilló —Quiero pedirte perdón, aunque se que no lo merezco. En serio que fui mi completo idiota desde el momento que planeé esa estúpida venganza— León no se atrevió a mirar a Benjamín a los ojos.
—Creo que de haber estado en tu lugar, habría hecho lo mismo. La pérdida de un ser querido te afecta, pero ¿por que no simplemente me dijiste la verdad cuando te enteraste de ella?
—Porque no tuve la suficiente valentía de hacerlo. Por días pensé que podría hacerlo, pero no pude. Después, cuando Bethany se enteró mi cobardía ganó y me fui.
—Pero ella te obligo, me lo contó.
—No fue así— dijo —Si yo hubiera sido menos cobarde habría enfrentado el problema, pero en cambio ella me dio un medio de escape y así evadí el problema.
—Entonces— Benjamin se rebajó a la altura de León —Enmienda tu error— tomó sus mejillas y lo hizo mirarlo —Y te perdonaré.
León miró al omega —¿Cómo hago eso?
—Intenta por conocer a tu hija— volvió a levantarse y luego León se levantó.
—Ella es muy parecida a ti. Creo que cuando crezca será tan hermosa como su padre omega.
Benjamín asintió y continuó caminando, sin decir palabra.
(...)
Una vez llegaron al hotel Benjamin invitó a pasar a León a la habitación. —¡Papá!— la pequeña, quien estaba jugando en el suelo con sus juguetes, se puso de pie y corrió hacia donde su padre ya estaba rebajado a su altura.
—Hola, princesa— le dio un abrazo y la recogió del suelo —¿Cómo estas?— pregunto.
—Bien— sonrió —Aunque allá afuera hace frío.
—Si que lo hace— el padre le depositó un beso en su mejilla.
—¿Él quien es?— preguntó la pequeña mirando a León.
—Él es el hombre que te dije íbamos a visitar aquí. El amigo de la tía Beth y mío.
—Bájame— se acercó al oído del omega y susurró. Luego, cuando estuvo en el suelo se acercó y lo miró a su altura —Yo soy Natalie Black— estiró su mano.
León se sentó en cuclillas y sonrió feliz —Y yo soy León Johnson— tomó la mano de la pequeña y la estrechó. —Y dime— León miró hacia atrás —¿A que jugabas?— preguntó mirando los juguetes que estaban regados por todo el suelo.
—A la casa de té— tomó la mano del alfa y luego se giró —Ven, vamos a jugar— comenzó a caminar —también tu, papá— tomó la mano de Benjamín también.
Luego de estar sentados, uno frente al otro, la profe la sirvió el té imaginario en las pequeñas tacitas y le entregó una a cada uno.
León miró su taza y no supo que hacer con ella. Ni siquiera tenía un líquido para beber. Miró a Benjamín pidiendo ayuda, para que el Omega le mostrara qué hacer.
—Oh. Señor Johnson, debería beber su té antes de que se enfríe— Benjamín, al darse cuenta, lo orientó y luego dio un sorbo a la tacita.
—Si, es solo que estaba un poco caliente— sonrió apenado e hizo lo mismo que Benjamín había hecho.
Continuaron jugando hasta que la pequeña cayó rendida y se durmió.
León pidió llevar a la pequeña hasta la cama, Benjamín autorizó la petición y luego le indicó en donde quedaba la habitación de la pequeña.
—Bueno— habló León —Es hora de volver— dijo caminando hacia la puerta. —Fue un día agradable.
—Si, lo fue— habló Benjamín.
—¿Puedo tener tu numero telefónico?— preguntó el alfa —Digo, es solo para poder preguntarte el estado de la pequeña.
—Claro— dijo el Omega.
Después de obtener el número, abrió la puerta y salió —Los veré después entonces— se despidió y se marchó.
Había sido un día agradable para León. Por primera vez tuvo la oportunidad de convivir con su hija y también por fin pudo pedir perdón a la persona que más amaba.