—Hola— saludó el alfa al omega, mismo que se encontraba sentado en una de las bancas del parque de juegos.
—Hola— el Omega devolvió el saludo —Creí que no vendrías— alegó.
—Hubo un pequeño imprevisto en la compañía, tuve que quedarme y asegurarme de que se resolviera— León tomó asiento al lado de Benjamín —lamento llegar tarde.
—No hay problema.
León miró hacia donde la pequeña Natalie se encontraba jugando con su amiga Cecile. La pequeña, al verlo, corrió en la dirección a la que León se encontraba.
—Hola, Sr. León— saludó la pequeña con una sonrisa.
—Hola, pequeña— León también sonrió.
En tan poco tiempo se había ganado el cariño de su hija. Había pasado ya una semana desde que León había vuelto a Estados Unidos y todos los días visitaba a su hija cuando él salía del trabajo o cuando la pequeña salía de la escuela.
—Sr. León— la niña lo llamó, así que León la miró atentamente —¿Quiere jugar con nosotras?— preguntó.
—Por supuesto— León se puso de pie y se quitó el saco que llevaba puesto para ponerse más cómodo. —¿Qué es lo que jugaban?— preguntó caminando detrás de las dos pequeñas.
—A las atrapadas— respondió Cecile.
—Ya veo— susurro el alfa —Entonces ¿Quién atrapa?— volvió a preguntar.
—Usted— Natalie lo señaló con el dedo.
—Está bien— León se preparo —Corran ahora— dijo u seguido de eso las niñas salieron corriendo y gritando para que el alfa no lograra alcanzarlas. León espero unos segundos para darles ventaja y cuando fue el momento corrió detrás de ellas —Casi te alcanzo— dijo cuando estuvo cerca de Natalie.
—No lo harás— dijo la pequeña intensificando su velocidad.
—Te tengo— dijo León cuando logró alcanzarla. —Te atrape— la cargó bajo su brazo y luego corrió para alcanzar a la otra pequeña —Te atrapé a ti también— dijo tomando a la niña y cargándola bajo su otro brazo.
Por un rato más los tres continuaron jugando, pero las madres de Cecile llegaron por ella —Cecile— la alfa llamó a su hija —Cariño, es hora de volver a casa.
La pequeña se levantó del suelo y corrió a toda velocidad hacia donde sus madres la esperaban —¡Mamá!— corrió a los brazos de sus madre Omega.
—Ven aquí, cariño— la omega la levantó del suelo y la abrazo.
—Gracias por cuidar de ella— dijo Bethany a Benjamín.
—No fue nada— él omega sonrió.
—Natalie quiere ir a comer algo— León llego a donde los tres adultos se encontraban, tomando de la mano a su hija.
—Pues entonces vamos— hablo Benjamin mirando a su mejor amiga —¿Quieren venir?
—Claro— habló Olivia.
—Entonces vamos.
Benjamín tomó la mano de su hija y comenzó a caminar, de igual forma, Olivia también tomó la mano de su hija y ambos omegas caminaron delante de sus alfas.
Bethany se acopló al paso de León —Lo estás haciendo bien— susurró.
—¿Eso crees?— preguntó el alfa.
—Así es— respondió —Ella cada vez te aprecia más.
León sonrió ligeramente —Debo agradecer a Benjamín por permitirme verla.
Eso era así, el hombre en serio que estaba agradecido con el omega por haberle permitido conocer y convivir con su hija.
Llegaron al restaurante y fueron a sentarse a una de las mesas que se encontraban junto a la ventana. Luego un mesero fue a pedir la orden y cuando su comida estuvo lista se las entregaron.
Todos comenzaron a comer y cuando terminaron cada uno volvió a su casa.
—¿Quieres que los acompañe a su casa?— preguntó León a Benjamín.
—Bueno, esta bien— él omega sonrió.
—¿Puedo llevaría?— miró a su pequeña hija, misma que ya se había dormido —Debe pesar.
—Si lo quieres.
León asintió y luego Benjamin se la entregó.
—Serás un buen padre— dijo Benjamin después de un raro.
—¿En serio? ¿Por que todos dicen eso?— el alfa miró al omega.
—Es solo que tratas de entender a tu hija, pareces un novato, pero lo haces bien.
—Nunca creí que me sería posible convivir con ella— León sonrió —Me resigne a jamás conocerla, siempre creí que el que tú no supieras que te mentí estaba bien, pero con cada día que pasaba el remordimiento me consumía— el alfa agacho la cabeza —Pensé en buscarte y pedirte perdón, pero siempre me acobardaba.
—Debo agradecerte por no morir— Benjamin lo miro —Sin ti tal vez ella ahora ya no estaría aquí, así que gracias— esta vez, Benjamín sonrió.
—Y yo debo agradecerte por dejarme verla— León miró a Benjamín y también sonrió.
—Solo quería que conociera a su padre.
(...)
—Listo— habló Benjamin colocándose en la puerta de la casa —Al fin llegamos— abrió la puerta y entró.
León entró después de él y luego Benjamin cerró la puerta.
—¿Donde está su habitación?— preguntó León.
—En el segundo piso, ven conmigo, te llevaré— dicho eso comenzó a caminar hasta las escaleras, y también comenzó a subirlas.
—La vibra en esta casa ha cambiado— el alfa susurro y logro ser escuchado por él omega que caminaba al frente suyo.
—Debe ser por Lauren— habló él esperando a que el alfa se acoplara a su paso —desde que ella llegó mi padre ha cambiado mucho.
—¿La nueva esposa de tu padre?
—Si— susurró —Creo que de no haberla conocido, él jamás habría cambiado.
—Tampoco habría aceptado tu subgénero ¿No es así?
—Si— dijo decaído —Pero afortunadamente ella apareció— sonrió y se detuvo —Listo, hemos llegado— abrió la puerta y espero a que León entrara.
La habitación de la pequeña estaba pintada de color amarillo, decorada con flores de girasol y un esquinero repleto de juguetes.
—Su habitación es muy bonita— dijo el alfa.
—Ella ama el color amarillo y decidió que la decoraran así— añadió mientras el alfa acostaba y arropaba a la pequeña niña —A pesar de tener una edad muy pequeña es muy madura.
—Me alegra haberla conocido— sonrió y se giró para salir de la habitación.
Benjamín y León salieron de la habitación y mientras lo hacían se encontraron con el padre del Omega, acompañado de un Alfa Domínate.