CAPÍTULO 18

1127 Palabras
—¿Podemos hablar?— preguntó Benjamin a León. —Por supuesto— León dejó de hacer lo que hacía y prestó atención a Benjamín. —¿Qué sucede? —La próxima semana es el festival de primavera en la escuela de Natalie, así que me preguntaba si tenías tiempo para ir. —Claro, por qué no iría— León sonrió feliz. Esa era la primera vez que visitaría a su hija en la escuela a la que asistía y ese era una buena oportunidad para poder convivir más con la pequeña. —Supuse que estarías ocupado— Benjamin miró en otra dirección. —Puedo suspender mis labores— ahora, el hombre continuó revisando el papeleo que tenía sobre su escritorio —Mo hija es más importante que el trabajo, ten eso presente siempre y no dudes en avisarme sobre sus próximos eventos. —Si— el omega que se encontraba sentado al frente, susurró, un poco decaído. —¿Ocurre algo?— León volvió a mirarlo. —Solo he tenido un poco de trabajo esta semana, estoy cansado. —¿Necesitas ayuda? —Está bien— Benjamin sonrió —Mi secretario me ayuda a resolverlo— lo miró, pero el cansancio se reflejó en su rostro. —¿Hay algo más? —No es nada, en serio. —Bueno, esta bien— León término de ordenar el papeleo y se puso de pie —Vamos a desayunar— caminó hacia la puerta de su oficina —Te vendría bien un café. —Si— él omega se puso de pie y caminó detrás de él, después se colocó a su costado y salieron. —¿Va a salir?— preguntó el secretario de León. —Si, iremos a desayunar— respondió el alfa —Encárgate de los asuntos mientras vuelvo y recoge el papeleo, ya está ordenado. —Si, señor— dijo y seguido de eso fue a la oficina de su jefe para cumplir con su trabajo. León y Benjamín fueron a desayunar al restaurante que León frecuentaba. Repentinamente, el celo de Benjamin llegó. Las fermonas del omega salieron disparadas, inundando el lugar con el aroma del omega. León se dio cuenta rápidamente, así que se puso alerta y rápidamente cubrió las fermonas del omega con las suyas. —¿Estás bien?— preguntó al ver al omega en un mal estado. —Yo no me siento del todo bien— dijo eso con voz baja. El sudor lo empapaba y la fiebre lo acompañaba. Benjamín en verdad estaba mal, su celo lo había puesto en ese estado. —¿Necesitas un inhibidor? —Estoy bien, solo debo tomar aire— el omega se puso de pie y trato de salir, pero en un breve tiempo ya se encontraba tumbado en el suelo, inconsciente. León se alarmó, así que también se puso de pie y corrió a auxiliarlo. Al ver que no reaccionaba decidió llamar una ambulancia, la cual no tardó mucho tiempo en llegar. Los paramédicos lo auxiliaron y lo llevaron al hospital, ahí lo ayudaron a estabilizar sus fermonas. —¿Cómo se encuentra?— preguntó León al médico que había atendido a Benjamín. —Sufrió un colapso— el médico dio su diagnóstico —El estrés se acumuló con su celo, el cual había reprimido desde hace varias semanas. Afortunadamente sus feromonas lograron ser estabilizadas con los supresores, pero necesitará las fermonas de su alfa para que se estabilicen por completo. —¿Su… alfa?— pregunto en susurros para sí mismo. —Para que el señor Black se estabilice tiene que tener las fermonas de su alfa. Pero ahora que no tiene un alfa podemos aplicar una dosis más alta de supresor, claro, eso no asegura que se recupere completamente, solo ayudará por algunos días, semanas tal vez. —Ahora soy su alfa— León dijo dudoso. —Puedo ayudarlo. —En ese caso acompáñeme— el médico se giró y comenzó a caminar hasta la habitación en la que Benjamín se encontraba. León lo siguió por detrás y cuando llegaron a la habitación, ambos entraron y se acercaron a la cama en la que reposaba el omega. —Ahora lo dejare solo para que pueda darle sus feromonas, pero antes que eso puedo preguntar ¿Existe una conexión entre ustedes? ¿La marca? —¿Eh?— León lo miró. Eso no era posible, el omega no era su omega realmente, así que esa marca no estaba dentro de las cosas que León podía obtener de Benjamín. —Eso aun no lo hemos hecho. —Ya veo— el médico pensó una solución —Podemos hacer una cosa, es posible si tú estás de acuerdo. —¿Qué cosa? —Tu puedes marcarlo— el médico lo miró —cuando él esté estable, gracias a tus feromomas, él podrá borrar la marca si así él lo desea. —¿Eso es posible? —Por supuesto, ya lo sabes: un alfa no puede borrar la marca, pero un omega si. Así que ahora no perdemos nada con intentarlo. —El me odiará aún más— susurró —¿Puedo pensármelo? —Por supuesto. Solo no demores ya que si no obtiene feromonas o un supresor podría empeorar— se giró para que pudiera salir —Te dejaré aquí para que lo pienses y si no deseas marcarlo déjamelo saber para que yo pueda intervenir— dicho eso, salió de la habitación y dejo al alfa solo con el omega. —Si— susurró y lo vio partir. Ahora él debía decidir entre dos cosas que eran importantes y par no debía dejar pasar. Su decidía marcarlo, él lo odiaría aún más por haberlo hecho sin su consentimiento, pero si no lo hacía y no lo marcaba su estado de salud empeoraría. El médico lo había dicho, solo podía estabilizarse por un par de días o tal vez algunas semanas y después podría volver a colapsar. Comenzó a caminar de un lado para otro, dentro de la habitación, pensando en lo mejor para la persona que más amaba. Debía elegir bien u no equivocarse. Al final, después de habérselo pensado muy bien por alrededor de unos cuatro minutos decidió marcarlo, aunque después, cuando Benjamín se recuperara, lo odiara. Estaba dispuesto a recibir el odio de Benjamín, solo deseaba ayudarlo y si marcarlo era la mejor opción, estaba dispuesto a hacerlo. Se detuvo y se acercó a donde el omega yacía. Luego se inclinó y quedó a unos cuantos centímetros del cuello del hombre. Contó hasta tres y cuando por fin le dio el valor de hacerlo, le otorgó la marca, esa que lo unía a él. Con esa marca ahora podía ayudarlo, así que no había sido tan mala después de todo.
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