Ecos de otra España En el centro de la plaza, el caos seguía reinando. El eco de la voz de Mr. Punch aún vibraba en el aire y los vecinos de la urbanización empezaban a dispersarse como hormigas asustadas. En medio de ese torbellino humano, Lorena y Elena se mantenían unidas, agarradas de la mano. Se miraron a los ojos, compartiendo un silencio que pesaba más que los gritos a su alrededor. Habían tomado una decisión difícil, una estrategia que les dictaba la lógica del miedo, separadas tenían más posibilidades. Si una caía, la otra debía seguir, si se escondían en sitios distintos, era más difícil que las atraparan a ambas a la vez. —Es lo mejor, Elena. Tú a la zona del este y yo intentaré llegar a alguna casa del oeste a ver si hay algo útil —susurró Lorena, con la voz temblorosa pero

