—Bueno, lo que sí sabemos —dijo Juan, con una sonrisa cínica, mirando a su mujer, Diana, con superioridad— es que hay dos vecinos a los que les gusta follar en casas ajenas. Y no en casas cualquiera. Les da morbo follar en casa de dos viejos. Se rió, un sonido áspero que resonó incómodo en el ambiente. En ese momento, Marina, que se había mantenido apartada, observando la escena con su concentración intensa, intervino con una broma inesperada, buscando relajar la tensión de Fina. —Ay, Fina, mi amor. La próxima vez, en lugar de fingir, te hubieras unido —dijo Marina con voz juguetona. Su risa era limpia— Hubieras disfrutado tú también de ver y de algo más. Fina se escandalizó, pero la risa de Marina logró sacarle una sonrisa nerviosa. —¡Marina! ¡Qué cosas dices! —Fina agitó la mano, re

