Una gota carmesí caía de los labios de una encantadora chica con una apariencia de aproximadamente dieciocho años. No habría nada de raro si no fuera por tres factores muy importantes. Primeramente se encontraba en un oscuro y tenebroso cementerio, el cual únicamente era iluminado por la tenue luz de la luna con su brillo plateado. Detrás de ella se encontraba un c*****r con una gran herida en la yugular. Pero lo más resaltante era la propia chica, pues la piel de ella era tan blanca como el alabastro, sus alargados caninos manchados de sangre y su ojo izquierdo marcadamente carmesí revelaban su naturaleza vampírica. Debido a que la chica relamía sus labios, era fácil discernir que ella había disfrutado del liquido carmesí. De su gabardina, ella saco un pañuelo de seda blanca y con s

