Narrado por Michel De tanto que huí, de tanto que trate no volver a caer, en esas dos misiones fallé. Porque me había enamorado de Doris, y me había encontrado una situación similar a la que me encontré a Ana en ese cuarto de descanso. Cuando vi a Doris besándose con ese hombre, ese hombre que según ella era solo un compañero de trabajo, mi sangre hirvió. Sin embargo, la temperatura aumentó cuando detalle esa situación luego de tres segundos. El primer segundo los celos y la ira me cegaron; el segundo supe que Ana me había mentido con lo de su padre para llevarme allí. Y al tercero, me fue evidente saber que ese maldito Leonardo estaba forzando a mi esposa a besarlo. Doris había perdido el color del rostro, tenía los ojos abiertos, desorbitados y sus manos estaban congeladas en el aire

