Recuerdo que la primera vez que fui a hacerme un eco por mis sospechas de estar embarazada por mi primera noche de sexo casual, la felicidad me agobiaba. Lo cual era una reacción bastante extraña. Igual de extraña como el desasosiego que siento en esta oportunidad. Mi doctora llena de gel mi estómago para comprobar lo que Carol y la prueba instantánea dicen, que yo estoy embarazada, otra vez. No solo estarlo con mi pequeña con menos de un año de vida, sería una prueba de nuestra fertilidad como pareja, sino que sería lo que tanto había buscado sin hacer alarde de eso. Pero una vez más, estaba más contenta esperando que las imágenes aparecieran en el monitor con Amelia que con... este nuevo bebé. No tenía sentido. Se suponía que estaba casada, que le daría un hermanito o hermanita a mi be

