No sabía a qué estábamos jugando la verdad. Michel y yo éramos un caso digno de estudio, porque es que yo no entendía mi comportamiento, y tampoco el de él. Se suponía que mi meta era divorciarme y fijar una relación sana como padres de Amelia que éramos, para ello demostraría mi resistencia en estos meses antes del primer cumpleaños de nuestra hija. Mi amor hacia Michel, que seguía quemando con dolor, no debía nublarme. Sin embargo, otra vez me acosté con ese hombre. En una mezcla de pasión animal y la ternura que creía tenía una razón ingenua. Se suponía que la meta de Michel era mantener el matrimonio, uno en donde decía no amarme. Sin embargo, no dudo en firmar los papeles que le mostré, algo en lo que pudo negarse y retenerme en este enlace. Y el gran obstáculo de Michel pa

