¡Toc toc...! —El ruido estruendoso que sacudió todo mi despacho, logro frenar lo casi inevitable. Besar a Lulú, de frotar mis labios con los suyos. Todo se fue a la mierda, gracias a un intruso. Retrocedí en un impulso rápido que me hizo distanciarme de esa pequeña tentación, que ya había cerrado los ojos y su broca entreabierta súplica una invasión. —¡Amo es Brigitte...lo necesito urgente!. —La voz impertinente de una de mis concubinas penetro de forma chillona y hasta algo desquiciante para mí, entre los muros y la gruesa madera de roble de la puerta. Fui directo y le quite el seguro, antes de hacer rodar el manojo de esta y abrir. Detrás de la madera rectangular me encontré con una mujer fingiendo agonía; la Brigitte pelirroja parecía haber estado llorando, sin restar el hecho de que

