El baile de invierno

1615 Palabras

El invierno se había instalado en el castillo como un huésped al que nadie se atrevía a echar. Las antorchas ardían más temprano, y el humo de los hogares se mezclaba con el aroma del vino caliente y las resinas que perfumaban los pasillos. Esa noche el clan Beleño abriría sus puertas al clan Ardan, y las viejas disputas se cubrirían de oro, música y falsas sonrisas. A mí me tocaba encender las lámparas del gran salón. Cuarenta en total, colgadas de cadenas que crujían con cada movimiento. Cada llama reflejaba una promesa, una alianza, un engaño. Y yo, como siempre, observaba sin pertenecer. Las mujeres del servicio corrían con telas y cintas, los músicos afinaban sus instrumentos y los ancianos del consejo discutían sobre la posición de los estandartes. Nadie notaba mi presencia,

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