Por fin jugaría un partido de Quidditch, ya que he estado medio curso inconsciente en la enfermería por unas cosas u otras.
Estaba en el vestuario con mi nimbus 2000 en mis brazos, preparándome para salir al campo y demostrar que Lyra Black sigue estando aquí.
Hoy era el último partido de la temporada, después de una temporada entera siendo reemplazada por estar en coma.
Como todos los últimos partidos era contra Slytherin.
Nos nombraron y salimos al campo entre gritos de emoción.
— ¡¿Pero que vemos hoy?! ¡Lyra Black parece haberse recuperado y haber vuelto al campo de Quidditch!
Cuando todos estábamos en fila nos dieron la señal y despegamos en nuestras escobas.
Salí a toda velocidad y conseguí coger la Quaffle y, al ver que no había nadie cerca, volé lo más rápido que la escoba me permitía, zigzagueando entre los jugadores de Slytherin para marcar en el aro central y retroceder victoriosa.
Podía oír los vítores de mi equipo y la voz de Lee de lejos.
Tras tres horas de partido y una puntuación de 120-90 a favor de Gryffindor vi como Harry se tiraba en picado en la persecución de la snitch y yo marqué otro tanto para ver justo como la cogía con la boca mientras el otro buscador se estrellaba contra el suelo.
Aterricé a un lado de Harry y me acerqué lo máximo para revolverle el pelo y felicitarlo.
La gente de las gradas bajaba corriendo para después cogernos a todo el equipo y festejar la victoria.
De pronto Harry puso cara de pánico mirando detrás de mí.
— ¡Lyra cuida....! — dijo Harry, pero no escuche más ya que después de un fuerte golpe en la cabeza caí al suelo sumergida en la conocida oscuridad con la que ya me había familiarizado.
La luz molestaba mis ojos y un fuerte dolor inundo mi cabeza de golpe.
Abrí los ojos y me senté de golpe en la cama de la enfermería para sujetarme la cabeza con las manos en una expresión de dolor.
— Otra vez aquí... cómo me duele la maldita cabeza... — dije con los ojos cerrados con fuerza por el dolor.
— ¡Lyra! ¡Enfermera, Lyra ya ha despertado! — oí decir a Harry para que después la enfermera me tendiera un vaso con un líquido espeso de color verde y burbujeando que desprendía un olor rancio.
Arrugué la nariz y fruncí el entrecejo, mirando el líquido.
— ¿Qué es eso? — dije asqueada y con ganas de vomitar.
— Para que se te quite el dolor de cabeza y puedas salir de aquí como nueva, ahora bébetelo — me ordenó la enfermera.
Obedecí a regañadientes y apuré el vaso entero, tapándome la nariz para no respirar el olor de esa pócima.
La puerta se abrió con estruendo, un estruendo muy familiar.
Dos cabelleras rojas se acercaron corriendo y se me quedaron viendo para luego mirarse entre ellos y asentir.
Fred le dio un codazo a George que me miró apenado.
— Lo siento, siento... sentimos haberte tratado así sin explicación alguna — dijo rojo mirándose las manos.
Fred volvió a darle un codazo y yo me cruce de brazos con los labios apretados en una fina línea.
— ¿Amigos de nuevo? — dijeron Fred y George, sonriéndome nerviosos tendiendo sus manos derechas, las mire con mala cara durante un rato para luego sonreír y abrazarles a los dos.
—Sois unos idiotas y tendréis que compensarme esto o más os vale ir cavando vuestras tumbas...
Los gemelos rieron, abrazándome, para poco después salir de la enfermería todos juntos.
Había pasado una maravillosa semana en la que todo había vuelto a la normalidad, aunque aún no habíamos hecho ninguna broma.
¿He dicho ya que la mejor forma de reconciliarse es gastar una broma juntos de nuevo?
Estábamos en uno de los pasadizos ocultos esperando a que se acercara Filch.
Cuando George lo avistó Fred y yo nos preparamos, cada uno a cada lado del pasillo, en un pasadizo secreto.
Cuando estuvo cerca Fred lanzo unos Cohetes mientras yo hacía que el suelo bajo sus pies se convirtiera en cemento fresco y se hundiera hasta la mitad de los muslos en el suelo para luego solidificarse dejándole atrapado.
Salimos corriendo por los pasadizos y entramos riendo a la sala común de Gryffindor.
Subimos las escaleras de los dormitorios masculinos y entramos a su cuarto para cerrar con llave la puerta.
— Tengo que contaros una cosa — dije sonriéndoles.
— No será sobre Wood, ¿no? — dijo George enfadado, a lo que solté un bufido.
— No George, no tiene nada que ver con Wood, no sé qué te pasa, Wood no ha hecho nada malo — dije cansinamente.
George murmuró algo y Fred se rio.
Carraspeé.
— A lo que iba... — dije para levantarme y sonreírles divertida.
— ¿Preparados? — dije sonriéndoles.
— ¡Siempre! — dijeron a la vez devolviéndome la sonrisa.
Cerré los ojos y me convertí en un gran perro n***o de ojos grises y salté sobre ellos ladrando y lamiéndole las mejillas a ambos.
Gritaron de la impresión y empezaron a reírse.
Volví a convertirme en humana y me senté entre ellos.
— Cuando me dejasteis de lado me encerré en mi cuarto y solo salí una vez antes de caer inconsciente en la sala de menesteres durante un día, que por cierto nadie sabe eso porque nunca me encontraron... el caso es que conseguí convertirme en animaga y bueno... tenéis que guardarme el secreto... — dije nerviosa, mirándoles seriamente.
Ellos me sonrieron.
— Somos una tumba, amiga — dijeron para revolverme el pelo ganándose mis quejas para reírse luego.
Los días pasaron rápidos y con ellos la llegada de las vacaciones de invierno en las que me quedaría en el castillo haciendo compañía a Harry que se quedaba con los Weasley y unos cuantos alumnos más.
La diversión solo acaba de empezar...