Los días pasaban sin novedad, lentos, aburridos, solitarios y tristes sin los gemelos que habían sido todo para mí día a día.
¿Por qué había pasado esto? No lo sabía, pero de lo que estaba segura es de que me sentía vacía sin ellos.
“Como se nota que no están a mí alrededor con lo pesados que son” pensé apenada mientras se me formaba un angustioso nudo en la garganta.
Choqué contra los gemelos y, sin mirarlos, continúe mi camino con la cabeza bien alta, aunque con mi cabello azul.
Esa noche, como muchas otras desde que me separe de ellos no podía dormir.
Pero a diferencia de otras noches esta no me quede tumbada en la cama con los ojos cerrados para intentar dormir.
Me puse las zapatillas y salí de mi habitación con el mapa del merodeador.
Empecé a deambular por los pasillos hasta que me topé un aula.
Algo en mi me decía que no entrara, que solo empeoraría las cosas.
Pero mi lado bromista y curioso gano, como siempre, y entre.
En él muchos muebles estaban tapados por sábanas blancas.
Uno de los muebles que estaba en el centro me llamo la atención y decidí destaparlo.
Tiré de la sabana y esta cayó a mis pies, levantando una leve capa de polvo.
Era un bello espejo en el que ponía "Espejo de Oesed: Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse"
— No tiene sentido lo que pone... Espera... ¡Espejo del deseo! Ya decía que me sonaba... Espejo del deseo: Esto no es tu cara sino de tu corazón el deseo — dije emocionada tocando el cristal sin creerlo.
Miré mi reflejo y poco después los gemelos aparecieron cada uno a mi lado.
Toqué sus caras en el espejo con tristeza mientras ellos me sonreían.
— Sois vosotros los que me habéis dejado de lado... y lo peor es que no sé porque, ¡sois unos idiotas! — dije enfadada para quedarme en silencio por un momento.
— Si es el espejo del deseo podría ver cómo eran mis padres... Tía Andrómeda nunca me ha enseñado una foto de ellos...
Los gemelos desaparecieron dando lugar a una mujer rubia, de ojos verdes, morena de piel y alta pero bella y un hombre más alto de pelo largo, n***o y rizado con bigote y perilla y ojos grises, era atractivo para ser mayor.
Ahora entendía porque la tía Andrómeda decía que me parecía a él.
Su mismo pelo, sus mismos ojos, su misma sonrisa...
Sonreí al reflejo y me senté frente a él.
— No sé nada sobre vosotros, tampoco os recuerdo, no sé lo que me he perdido pero la tía Andrómeda y la prima Dora me han dado todo lo que he necesitado, sabéis que os quiero, aunque sigo sin conoceros y dudo que lo haga. También me alegro de saber porque la tía decía que me parecía a mi padre — dije para luego reír — ahora todo tiene sentido....
Me levanté, dispuesta a irme, pero una voz me paro.
— Señorita Black ¿no debería estar en su dormitorio a estas horas? — dijo Dumbledore.
— Sí señor, lo lamento, desde hace un tiempo no duermo bien y decidí darme un paseo para que me entrase sueño — dije apenada.
— ¿Sabe que es? — dijo, refiriéndose al espejo.
— Sí, es el espejo del deseo, señor— dije.
— Así es, la mayoría de gente se consume delante de él, viendo lo que su corazón más anhela ¿Qué es lo que ves? — dijo.
— Al principio vi a los gemelos a mi lado, riendo como siempre, luego mi curiosidad pudo conmigo y conseguí ver quiénes eran mis padres físicamente, siempre me he preguntado como serian ellos y cuanto me parecía a mi padre, ya que mi tía siempre dice que soy clavada a él — dije sonrojada de la vergüenza — profesor yo ya me iba, solo tenía curiosidad.
— Lo sé, es difícil elegir entre quedarse y ver lo que quieres o irte y olvidarlo, porque hay cosas que se pueden conseguir y otras que no, debes escucharme, no puedes volver a buscar el espejo, lo cambiare de sitio y no quiero ni que lo busques ni que le digas a nadie de él ¿entendido? — dijo Dumbledore, fijando su penetrante mirada en mí, como si fuera capaz de ver todo lo que se me pasaba por la cabeza con solo mirarme desde detrás de sus gafas.
— Entendido profesor — dije sonriéndole.
— Bien pues ahora debería irse a la cama Señorita Black, hasta mañana — dijo Dumbledore desapareciendo.
Después de eso tapé el espejo y salí de allí, tranquilamente volví a mi dormitorio, donde caí durmiendo en mi cama.