Alejandro sale al pasillo, camina despacio, visualiza la puerta de la habitación de sus padres y está cerrada, por lo que intuye que los ruidos no son de ellos. Sigue andando y ve a Lourdes arrodillada en el piso recogiendo una pieza de cerámica rota y le ve sangre en el pie, se acerca rápidamente. —Pero ¿qué te pasó? — le pregunta Alejandro a la trigueña que sigue recogiendo afanadamente los pedazos de porcelana del piso. — Disculpa Alejandro, no fue mi intención es que esta parte está muy oscura aquí, salí para bajar a la cocina a tomar un vaso de agua, que hoy se me olvido subirlo como hago todas las noches, y me tropecé con la pata de la mesa, pero en lo que fui a moverme se cayó el adorno que estaba sobre la mesa, que vergüenza de verdad disculpen, que pena con tus padres — explic

