― Fuiste obligada a tomar un camino que no te correspondía; pero ahora estás aquí a punto de que tu nombre sea anunciado como la ganadora de la vendimia. Es un gran día para ti y también para nosotros que te hemos acompañado. Has madurado tanto mi pequeña. Lady Dorotea arreglaba mi cabello con delicadeza y mucha atención en los detalles con sus manos expertas. Lo había rizado levemente para que lo llevase suelto, siempre despejando mi rostro. Mis ojos y sonrisa tenían que destacar en todo lugar, según me había indicado. En mi rostro había un brillo especial, un brillo que no podía explicar; como si la felicidad de casarme con Vicent y la nostalgia de recordar a mi madre se fusionasen para ponerme melancólica y con un latente deseo de llorar en silencio por horas. Su recuerdo habí

