Todos mis compañeros quedaron saciados de la curiosidad que les provocó mi ausencia cuando conté por encima lo que pasó con mi mamá (una operación de urgencia), lo que les permitió focalizar en el siguiente tema importante que nos convocaba como alumnos de último año: Los bailes de fin de curso, y con ello la elección de los delegados para ser candidatos a reyes.
A mí no me interesaba nada toda esa pantomima, así que en la clase de gimnasia cuando todos estaban alborotados por el tema en cuestión, yo aproveché a sacar el teléfono y enviarle un mensaje a Franco para remarcarle su buena clase de la mañana y atribuirme los honores por la magnífica manera de despertarnos, desencadenando en una clase de su parte muy amena, sin malhumor y mucha cooperación para explicar a los que tenían dudas, haciendo hablar a todos de eso y no tanto de su marca que había dejado de ser el furor de los pasillos.
Tengo un dos por uno para vos y tu intención de conocerme mejor. Escribió después de responder con superficialidad sobre su buena clase y dándome la razón en que debíamos despertarnos juntos más seguido en la semana, para empezar así de bien.
Quiero leerlas.
No preferís que te las diga? nos vemos más tarde en mi casa??
Bueno, dale.
Te paso a buscar x tu casa a la noche.
—Victoria Loris. —dijo Mirko desconcentrándome y como ella estaba a mi lado, guardé el celular rápidamente. Ella chilló contenta al ser elegida una de las candidatas y las chicas la abrazaron con esa misma emoción, la que a mí no me producía ni un poco porque era estresante pertenecer al grupo de amiga de los candidatos, inevitablemente nos hacían trabajar en conjunto.
—Felicitaciones amiga. —la abracé cuando las chicas la soltaron.
— ¡Gracias!
—Hook, ayudante. —dijo el profesor Mirko mirando su lista, Tomás bufó enojado y se sacó las manos de encima cuando sus amigos lo burlaron. —Campbell, también ayudante.
Vicky me hizo una mueca en consolidación. Miré mal al profesor y éste levantó la vista de su lista en ese mismo instante.
—No sé qué me mira así Campbell, la mitad del año tuvo más detención que Gómez, por algo será, ¿no? —levantó ambas cejas, no cambié mi aspecto pero sí le corrí la mirada.
Si no fuese por Franco, no estaría siendo ayudante para los preparativos de los estúpidos bailes norteamericanos, lo que le echaba completamente la culpa. Era obvio que no iba a haber ayudantes para ninguno de los bailes, nadie se ofrecía, por lo que usaban a los alumnos que más detención tenían en lo que llevaba del año y yo era una gracias a él.
No podíamos quejarnos ni aunque quisiéramos, el colegio tenía costumbres norteamericanas por ser una sede de la universidad central en Estados Unidos, lo teníamos como tradición obligatoria y los alumnos del último año eran los encargados de organizar los que se llevaran a cabo en el año. En lo personal nunca me llamaron la atención esas tonterías de la cita, el vestido, la reina de delegación y demás, eran de película para mí y a mi papá lo único que le interesaba del colegio cuando me anotó, era la educación porque así lo había hecho toda su familia, la posibilidad de estudiar afuera y con otros honorarios.
Para mi suerte la clase se basó en hablar del baile próximo y dado que teníamos un tiempo climático diferente, los chicos se pusieron a debatir cómo llamar el baile de invierno cuando el profesor lo indicó, por lo que no opiné mucho porque no estaba prestando atención a lo que decían, ni siquiera me di cuenta cuando alguien se me sentó al lado y al darme cuenta de quién, mi mayor expresión aburrida lo hizo actuar con la cautela que de por sí me trataba últimamente.
— ¿Qué opinas de que la temática sea "La noche de inverno"? —me preguntó Tomás buscándome conversación, fruncí el ceño al escuchar ese estúpido título.
— ¿Quién podría haber inventado algo así de horrible? —pregunté, Vicky se dio la vuelta para mirarme con reproche.
—Fui yo, es genial Mia, no te puede no gustar.
—Pensé que eras más creativa. —le dije, ella me sacó la lengua y volvió a conversar con las chicas que les encantaba toda esa cursilería.
— ¿Ya tenés cita para la fiesta? —preguntó y quise reírme, no le daba la cara.
—Nop. —dije despreocupada mirando mis uñas pintadas de rojo. Esa era la parte que más me divertía de todos las fiestas, rechazar a los chicos y principalmente a él.
—Bueno entonces…quizás… podés venir conmigo, ¿no? —preguntó dubitativo. Lo miré para encontrarme con su mayor expresión de perrito mojado, tenía el ego herido, ni siquiera lo habían nominado para ser rey del baile y yo sabía cuánto eso le importaba, pero me alegraba que estuviera así de vulnerable, se lo merecía después de todo lo que alardeaba con mentiras. —sé que estuvimos mal la otra vez, pero dale Mia vos sos la más linda e inalcanzable del curso y yo necesito…
— ¿Limpiar tu imagen? ¿Pero por qué no te vas un poco a la mierda, Hook? No me vas a volver a usar para hacerte el ganador, no te da la cara imbécil.
— Por favor, ya te pedimos disculpas, la única forma de redimir todo es que entremos juntos y que vean que…
— ¿Que no sos un mentiroso y en realidad sí te pudiste acostar conmigo cuando todos saben que yo no toco a los de este colegio ni con un palo? Estúpido, ya que no voy a ser reina quiero ir con quien vaya a ser el rey. —escupí enojada y me levanté de su lado para sentarme en otro lado, sin antes escucharlo quejarse de su falsa popularidad.
Ponerme al día con las materias fue agotador, pero como no salí tan tarde del colegio y Roberto me aseguró que se quedaría con mamá, pude volver a mi casa para usar la tarde y hacer las tareas que tenía pendientes.
Para la cena, cuando papá volvió de trabajar y se puso hablarme de la importancia que tenía que mamá entrara a rehabilitación, me sentí tan exhausta que solo le di la razón y me fui a bañar apenas pude para esperar a que se hiciera el horario que Franco me pasara a buscar, aún no sabía qué excusa usar para salir por un rato, pero cuando su mensaje llegó pidiendo que me quedara a dormir en su casa, tuve que pensar en una porque de verdad quería dormir con él.
Llamé a Vicky como solución y le informé acerca de mi plan, como siempre quería saber con quién me iba a ver y toda esa cursilería, pero le conté lo suficiente y me aseguré que entendiera el plan. Una vez hecho, fui a pedir permiso.
—Papá, mi amiga Vicky está en... crisis, ¿puedo ir a verla? —le pregunté rápido sentándome en la esquina de su cama, él leía concentrado y me prestó atención bajándose los anteojos, así mirar el reloj y después a mí.
— Mia son de las diez de la noche, es peligroso salir a esta hora.
—Una amiga me va a pasar a buscar en auto, ella nos necesita. —dije actuando lo mejor que podía, y levantó ambas cejas analizándolo.
—Ok, si es así como decís...
—Sí ¿por qué no sería así?
—No lo sé, ocultaste una mala nota varios meses, sos capaz de todo como tu mamá. —dijo volviendo a ponerse los anteojos, bufé y me levanté para irme, enojada por su comparación.
— ¡Ustedes no dejan de compararme el uno con el otro, soy su hija, obvio que voy a tener sus genes!—me quejé y cerré su puerta fuerte para buscar mis cosas y bajar al encuentro con Franco, quien ya esperaba en la moto.
Al salir de mi casa, comprobé que papá no viera por la ventana aunque la suya no daba a la entrada, me acerqué a la vereda y noté sus ojos un poco irritados.
— ¿Estás siguiendo los pasos de mi mamá?
—No tonta, estoy cansado pero sí... fumé. —dijo y rodé los ojos colgándome mi mochila para subirme detrás de él, aunque me lo impidió con su brazo e hizo que volviera. —Hola, ¿no?
—Hola. —le di un pequeño beso en los labios. Se quejó y yo sonreí sin poder evitarlo, desde la mañana no nos dábamos un beso así que agarré su cara entre mis manos y lo besé más profundo, con nuestra usual intensidad que nos llevó a que él bajara sus manos a acercarme a la moto y su cuerpo. — Pará... acá no, los vecinos son re chusmas.
—Bueno.
— ¿Puedo manejar yo?
—Soy joven para morir.
—Pero antes ya me habías dejado y manejé bien. —le dije decidida a sacarme la mochila para dársela, y la aceptó aunque renegó un poco. —Dale dejame.
—No nena, nos vas a matar.
— Dale Franco, por favor.
—Qué caprichosa eh. —me acusó pero se corrió hacia atrás, yo sonreí y me subí entre sus piernas, a propósito lo rocé y me reí cuando me empujó un poco. Encendí la moto y arranqué con la total seguridad de tener su mano afianzada a mi cintura, lo que me hacía sentirme guiada y con la adrenalina que de por sí la adrenalina de manejar proveía.
En cuanto llegamos a su casa, me bajé para que pudiera guardarla en el garaje y lo esperé para entrar, ansiosa de poder pasar la noche con él como lo veníamos haciendo, sumando a que finalmente podíamos hacer lo que quisiéramos y continuar con la intimidad que explorábamos desde que volvimos.
— ¿Vas a decirme cuáles son esos dos por uno? —pregunté sentándome en el sofá del subsuelo. Lo vi sacarse la campera y tirarla por ahí dejando visible su tatuaje en todo el brazo cada vez me gustaba más en él, y me distraían mucho. — ¿no es una invitación a un cine, no?
—No, no es nada de eso.
— ¿Y qué es?
—Bueno, el viernes hay una reunión en la casa de mi papá. —me comentó sentándose a mi lado con su cuerpo de frente, así poner su mano en mi pierna desnuda y acariciarla un poco. —nada interesante, se va de viaje y quiere tener una cena todos juntos, van a estar mis hermanas y mi ahijado.
—Ajá ¿y? —inquirí sintiendo escalofríos por sus caricias, el corazón me latía con fuerza y hasta el simple hecho de la introducción de sus palabras, me parecía nuevo para la forma de reaccionar de mi cuerpo entero.
—Y quiero que vengas conmigo, dijiste que querías conocer más de mí, empezando con la familia puede ser algo.
—Es cierto.
—Lo otro es que el sábado es el cumpleaños de la novia de mi mamá, sí ella es lesbiana me olvidé contarte eso. —dijo despreocupado, no era un dato que interfiriera en algo. —va a estar mi hermano, su hijo adoptivo.
— ¿El de la universidad?
—Sí ese, y mi mejor amigo con su hijita que es mi ahijada, ¿te acordas?
—Sí, me acuerdo.
—Y quizás ahí puedas conocerme otro poco, siempre me sentí más cómodo con mi mamá que con mi papá, ellos son formales y estructurados, y en la casa de mi mamá es... más bien una locura.
—Suena divertido. —por no decir aterrador conocer a toda su familia, pero me emocionaba más de lo que estaba dispuesta a admitir. — ¿y quiere decir que voy a ver a tus hermanas dos días seguidos?
—Nah, ellos no van a ese tipo de reuniones, rechazan que mi mamá se haya hecho lesbiana, van poco, al igual que yo a lo de mi papá... no me cae tan bien.
—Eso sí es saber más de vos, qué progreso, estoy orgullosa. —me sequé lagrimas falsamente, él se rió y se apoyó sobre su codo en el respaldar, mirándome sin dejar de jugar con sus dedos sobre la piel de mi pierna.
—Te estoy haciendo un dos por uno, yo sólo conozco uno de tu parte... Papá no está incluido todavía, ¿hay alguna razón?
—No sé, supongo que es porque mamá está más lejos y ella es más permisiva, papá sería del tipo más tradicional y no creo que sea cómodo para vos hablar con él de libros, futuro o... cuidados que espera que tengas conmigo, como si fuéramos algo serio.
Rodó los ojos.
—No, pero lo estamos siendo de alguna manera Mia, los amantes no hacen estas cosas.
—Podemos ser amantes diferentes. —dije con desinterés y él llevó su mano a acariciar mi mejilla y acomodar mi pelo detrás de mi oreja, lo que produjo más escalofríos por la ternura con la que me tocaba, como si fuese de porcelana.
—No sé, yo no decido eso ni vos tampoco.
— ¿Y quién entonces?
—El tiempo Mia, no tengo un problema por cómo termine o siga esto, por algo acepté tus requisitos ¿no?—levantó una ceja. Yo hice una mueca por no saber qué contestar, pero tenía toda la razón, estábamos dando pasos que nos llevaban a una formalidad que en algún punto yo la quería, la necesitaba para tener la seguridad que buscaba con él desde que este capricho me parecía algo más que eso. —sos muy linda, ¿lo sabías no?
Me derretía que me dijera cosas así mientras no podía mantener las manos alejadas de mí, y sonreí sin poder sostenerle la mirada cuando me puso nerviosa el efecto de sus palabras.
—Es raro escucharte hablar así cuando en el colegio ni siquiera me miras.
—No es que no quiera... —suspiró recargándose. No podía tomármelo en serio cuando lo imaginaba dándonos clase con su usual mal humor y ahora estaba más dócil y tentándome con caricias. —intento mantener la indiferencia con todos, con vos tiene que ser mucho más.
—De tu indiferencia ya todas entendieron, sólo que... me refiero a que es extraño, la mitad del día me das clases y la otra mitad me podés besar. —dije. Era raro hasta cuando lo escuchaba decir por mí misma, pero era lo que teníamos y ambos lo asimilábamos como tal.
—Lo sé, para mí también lo es, y verte con ese uniforme...
— Te vuelve loco, ya sé.
— Mucho. — dijo y me mordí el labio viendo su boca que tanto me gustaba, la miré directamente sin prestarle atención a sus ojos que mayormente me decían todo, algo de incoherencia no estuvo mal. Me acerqué directamente a sus labios que me reclamaban y los complementé con los míos obteniendo respuesta inmediata.
Lo siguiente fue nuestra costumbre.
Él me instó a subirme a horcajadas de su cuerpo y pidiéndome que me sacara la remera, me quedé con el corpiño hasta que descendió con sus besos por mi piel y con suavidad, fue bajando los breteles por mis hombros hasta aflojar las copas y besar mis pechos que estaban oprimidos aún. Me reí cuando sus dedos lucharon apenas unos segundos con el gancho antes de bufar molesto.
— ¿Nunca se te ocurrió dejar de usarlo? Me haría la vida más fácil. —dijo y cuando me lo saqué con facilidad y tuvo acceso a agarrarlos entre sus manos, su mirada perversa me hizo sonreír tanto como me excitó más. —y me encantaría tenerlos más fácil… prometo darles siempre la atención que merecen.
—No me interesa hacértelo más fácil… ay, tonto. —me quejé cuando le dio un leve mordisco a mi pezón endurecido y después le pasó la lengua para aliviar el ardor que produjo e hizo efecto hasta mi centro. Siempre les daba la atención que merecían y me estimulaba hasta el punto que yo no sabía que podía excitarme tanto por tener su boca, lenguas, dientes, saliva y dedos trabajando para volverme loca.
—Me encantan tanto, podría pasarme todo el día así. —mencionó al succionar mi pezón y yo sonreí con la piel erizada por los escalofríos que me provocaba. Me moví sintiendo su dureza entre sus piernas y gemí desesperada por más, pero él estaba tan concentrado en únicamente mis pechos que le tuve que tirar el pelo para que me mirara a los ojos de nuevo.
—Vamos a tener que encontrar la forma de buscar más funciones entonces…
Me miró interesado, así que me deslicé en su cuerpo hasta que mis rodillas estuvieron el suelo y sin romper el contacto visual, él me ayudó cuando le desabroché el pantalón y pudimos bajarle el bóxer así librar su gruesa erección que, muy pronto me llevé a la boca antes de mostrarle como la podía albergar de la misma forma con mis pechos.
—A la mañana, a la noche, vos me vas a volver loco. —me dijo con el aire entrecortado cuando finalmente volví a subirme a horcajadas de su regazo y pude penetrarme con su ayuda, yo estaba igual de cansada pero no me importó más que comenzar a moverme y liberarme para demostrar que en efecto, podía volvernos locos.