Mientras Franco y Sam hablaban eufóricos en la sala sobre lo que harían el sábado cuando los patrocinadores los fueran a ver, yo intentaba rehacer los ejercicios que me habían salido mal y tenía que usar de ejemplo para los exámenes. Estaba segura que Franco no iba a querer cumplir con la excusa que le di a mi papá para estar en su casa, y se suponía que no tenía que pedirle ayuda pero aprobar era una cuestión de vida o muerta para mí, ya que mis notas debían mantenerse por el promedio. —Fran. —lo llamé cuando entró al cuarto buscando algo en su ropero, levantó las cejas en señal que me escuchaba pero siguió buscando. — ¿podés ayudarme? —Hacelo varias veces siguiendo los pasos que dicté. —dijo y sacó una pequeña caja que se llevó al salir. Bufé y cerré las carpetas para acostarme con su

