Quería considerar el día escolar liviano por el hecho de que Franco no asistió como profesor y con Cortez siempre era todo más tranquilo, pero el estrés que empecé a presentar debido a la conversación con mi papá, no me favoreció en nada. No lo quería evitar, pero el día entero sin él fue una tortura, ni siquiera verlo en el colegio había podido y por algún motivo fue mejor, ya que no sabía cómo mirarlo a los ojos y decirlo lo que estaba por pasar. La encrucijada sobre contarle la noticia fue peor desde el momento que me pudo contestar el mensaje cuando yo le había respondido en la mañana los buenos días, deseándole suerte para las practicas, en las que estuvo metido tanto tiempo que se hicieron las ocho de la noche hasta que logró ver mi mensaje. Preguntó si podía llamarme y acepté par

