BERLÍN, ALEMANIA. ¿Celosa? Tessa nunca había sido celosa, claro, hasta que una arpía colocaba las manos sobre su rubio. ¿Qué demonios estaba pasando y por qué esa mujer tenía su cuerpo casi encima de su esposo? La mujer logró guardar la compostura y se aclaró la garganta solo para que la mirada de su marido se levantara y lograra captar sus ojos furiosos. —Cariño—articuló—, estaba planeando el evento y de forma inesperada terminé extrañandote y quise venir a saludar, espero no haber interrumpido. Henrik supo por su tono de voz que estaba ocultando su desdén al decir aquello. Erika se soltó del duro cuerpo del alemán y volteó en dirección a la mujer para despues limpiarse las lágrimas que corrían por sus ojos. Sorbió su nariz. ¡Dios, que odiosa! —No, no has interrumpido nada. E

