BERLÍN, ALEMANIA. Henrik sintió como el alma le volvía al cuerpo. Cuando Tessa le dijo esas palabras fue como si de alguna forma volviera a nacer. Estaba demasiado contento como parfa hacer algo más que no fuera besarla. La tomó por el rostro e impactó sus labios con los suyos mientras le transmitía cuanto la amaba con ese cálido beso sentimental que fue cortado por las gotas de lluvia cayendo sobre su cabeza. —No tienes idea de cuánto ansiaba que me dijeras algo así, Tess. No había día en que no pensara que era lo que había hecho para merecer tu repudio. —Nunca te he odiado, nunca podría hacerlo. Sus palabras fueron música para los oídos del alemán quien despues de haber escuchado sus palabras sonrió contra sus labios. No había razones para estar celosa. —Nunca vuelvas a ponerte

