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861 Palabras

Capítulo cincuenta y tres Salgo del elevador teniendo a los de seguridad detrás de mí y doy un largo suspiro viendo como todas las oportunidades que tuve de resolverlo todo se han ido a la basura con lo que acabe de hacer. ¿Simplemente por qué sigo siendo un idiota? La cagué a maneras gigantescas con lo que le dije y ahora ni siquiera va a querer escucharme. —Ey, chico —uno de los seguridad me llama haciendo que me gire hacia él —tus cosas —me entrega un folder y lo abro viendo los papeles que entregue el primer día en recursos humanos al igual que una nota adjunta a ellos en donde están las razones por las cuales fui despedido. Genial, simplemente genial. Le asiento dándole las gracias por tomarse la libertad de traerme algo que posiblemente no podría haber recuperado después,

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