Un año después No puedo dejar de gemir con cada movimiento, mis gemidos llenan el aire mientras Mati me besa con desesperación. Su lengua explora la mía, entrelazándose en un beso profundo que amplifica la oleada de placer que siento. Sus embestidas se vuelven más intensas, su ritmo se acelera, y cada embate se siente como una descarga eléctrica a través de mi cuerpo. Estoy montándolo, sintiendo cómo cada uno de sus músculos se contrae y relaja con cada impulso. Él agarra mis caderas con una fuerza que es a la vez dominante y protectora, guiando nuestros cuerpos en un movimiento frenético y sincronizado. La fricción entre nosotros es abrumadora, creando una sensación de calor y excitación que aumenta con cada segundo. Nos movemos juntos en un compás acelerado, fusionándonos en una danz

